Neurotoxicidad homocisteina

Mejor prevenir

Neurotoxicidad: los riesgos de un cerebro desnutrido

Nuestro cerebro fabrica neurotransmisores gracias a los nutrientes que consumimos. Un déficit puede desencadenar en enfermedades neurodegenerativas.

Perla Kaliman

El estilo de vida moldea tanto el cuerpo como la mente. Es algo que sabían en la antigua Grecia y en India: los sabios insistían en que cuidar el entorno social y físico, los hábitos, la dieta y la forma de pensar era esencial para mantener una buena salud y envejecer en condiciones óptimas.

El paso del tiempo deja su huella en todos los sistemas vitales, y el cerebro no escapa a este destino. Su deterioro no sucede de forma súbita a edades avanzadas, sino que comienza temprano y es progresivo. Alrededor de los 40 años de edad empieza a detectarse una menor eficiencia en algunos tipos de memoria, pero siempre estamos a tiempo de tomar medidas, empezando por la selección de alimentos.

Nutrientes esenciales para tus neurotransmisores

La idea de que la alimentación es clave en la prevención y tratamiento de enfermedades como diabetes, obesidad, hipertensión e inclusive el cáncer nos resulta familiar. Pero menos divulgada es la relación entre la alimentación y la depresión, el estrés, la ansiedad y enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, que afecta hoy a más de 30 millones de personas.

Sin embargo, existen centenares de estudios científicos que demuestran que la nutrición es fundamental en la manifestación de trastornos piscoemocionales y neuropsiquiátricos. Por ello, una de las estrategias a nuestro alcance para mantener el cerebro en forma es integrar estos conocimientos en el carro de la compra y en la cocina. Es decir, elegir alimentos ricos en factores neuroprotectores.

En el cerebro hay más de 100.000 millones de neuronas y cada una tiene entre 10.000 y 200.000 puertas de entrada y salida de mensajes que les permiten comunicarse entre sí. Si hacemos cálculos, la conectividad de las redes de comunicación social palidece ante la de nuestro cerebro.

Uno de los principales mecanismos de transmisión de estos mensajes es a través de las moléculas llamadas neurotransmisores. Hay más de 50 diferentes que regulan las funciones fisiológicas (apetito, movimiento…) y mentales (atención, memoria, motivación), incluyendo las emociones y el estado de ánimo.

Para producir algunos de estos neurotransmisores necesarios para la memoria y el aprendizaje (acetilcolina), la motivación (dopamina), la respuesta al estrés, la atención y el estado de alerta (noradrenalina), la regulación de los estados emocionales (serotonina) y el sueño (melatonina), el cerebro necesita un aporte de nutrientes esenciales, que por definición son sustancias que nuestras células no son capaces de fabricar.

Déficits y patologías

Por ello, una dieta deficiente en nutrientes esenciales tiene consecuencias graves a largo plazo y se asocia a un mayor riesgo de padecer las enfermedades crónicas más frecuentes, incluidas el Alzheimer y la depresión.

Necesitamos nutrientes esenciales como los aminoácidos, el hierro, las vitaminas B3, B5, B6 y C, y colina para producir los niveles adecuados de algunos de los neurotransmisores clave para mantener el bienestar psicológico y emocional y preservar nuestras capacidades cognitivas. La literatura científica actual también destaca los beneficios de los ácidos grasos omega-3, el zinc, el magnesio y algunos polifenoles en la regulación del estado de ánimo, la ansiedad y la resistencia al estrés.

Las reacciones bioquímicas que ocurren en nuestras células funcionan como toda cadena de producción: si escasea una pieza en alguna etapa, se acumulan productos intermedios y disminuye la síntesis de los que le siguen. El ciclo de un carbono es una sucesión de reacciones químicas que ocurre en todas las células.

Uno de sus productos más importantes es la S-adenosilmetionina (SAM), que participa en la síntesis de neurotransmisores y en el mantenimiento de la maquinaria epigenética. Lo interesante es que para que el ciclo de un carbono se mantenga en movimiento, necesita combustible en forma de ciertos nutrientes esenciales.

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Un resultado neurotóxico

El resultado de una dieta pobre en dichos nutrientes es radical: la disminución en la producción de SAM y la acumulación de uno de los subproductos del ciclo de un carbono, la homocisteína, se asocian a la aparición de numerosas patologías, como por ejemplo depresión, Alzheimer y enfermedades cardiovasculares. Más de un centenar de estudios clínicos publicados han encontrado asociaciones entre el riesgo de deterioro cognitivo y demencia y la presencia de niveles elevados de homocisteína en la sangre o en el líquido cefalorraquídeo.

La homocisteína perjudica la circulación cerebrovascular y es neurotóxica, afecta a la expresión de genes, causa daños en el ADN y potencia algunos de los mecanismos moleculares responsables del Alzheimer.

En personas de una edad promedio de 75 años se ha visto que, cuanto más elevados son los niveles de homocisteína circulantes en la sangre, mayor es el grado de atrofia en la materia o sustancia blanca de las zonas frontales, parietales y occipitales del cerebro.

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