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Alimentación infantil

¿Cómo proteger a los niños del marketing alimentario?

Los padres podemos evitar que nuestros hijos se expongan a una publicidad alimentaria que pone en peligro su salud.

Julio Basulto

Los adultos somos más vulnerables de lo que creemos a la presión publicitaria, pero mucho más lo son los menores de edad. Por ello, en el llamado "horario infantil" no debería emitirse la enorme cantidad de anuncios de productos insanos como ocurre en la actualidad.

En España, nuestros hijos pasan, de media, más de dos horas diarias frente al televisor, algo que abre la veda a la publicidad y dificulta que los niños realicen el mínimo de una hora diaria de ejercicio que recomiendan todas las autoridades sanitarias. En palabras de la OMS, "existe una fuerte relación entre ver la televisión y padecer obesidad infantil".

Los niños son víctimas del marketing de alimentos

"Por desgracia, el marketing de alimentos poco saludables dirigido a niños ha demostrado ser desastrosamente eficaz". Esta frase entrecomillada aparece en la nota de prensa que acompaña al documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) titulado Marketing de alimentos ricos en grasa, sal y azúcar para los niños.

El uso de frases persuasivas –"te ayuda a crecer"–, personas famosas, personajes de ficción, canciones pegadizas y efectos especiales explica el éxito de los anuncios entre los niños.

Se podría reducir un tercio la obesidad

Uno de cada tres niños no padecería obesidad si se prohibiera la publicidad de alimentos en el horario infantil televisivo. Esta conclusión tan rotunda la encontramos en una investigación recogida en la revista European Journal of Clinical Nutrition.

Por tanto, ha llegado el momento de que nuestros responsables sanitarios tomen cartas en el asunto. Prohibir la publicidad de alimentos inconvenientes en la televisión española es factible. Ya se ha hecho en Suecia, Noruega, Grecia y la provincia de Quebec.

¿Qué hacemos en casa?

  • Debemos evitar por completo que los menores de dos años se expongan a las pantallas. Y eso incluye los autodenominados "programas educativos" que en realidad promueven la pasividad, además de impedir que el niño juegue o explore, algo esencial para su aprendizaje.
  • En niños de entre tres y siete años, la exposición debe ser inferior a media hora diaria. A partir de los siete años no debería superar la hora diaria. Y se debe evitar que haya un aparato de televisión o un ordenador en la habitación del niño.
  • Es muy recomendable que estemos junto a los niños tanto cuando ven la televisión como cuando navegan por internet. Si aparecen anuncios, es momento de cambiar de canal o apagar la televisión hasta que desaparezcan.
  • Los padres debemos contrarrestar los mensajes que transmite la publicidad. Podemos explicar a los niños que no es cierto que los alimentos anunciados genere fortaleza, belleza, felicidad o éxito.
  • También podemos demostrar al niño que las comidas caseras son tan ricas como los productos salados, azucarados o grasientos que ven a través de la publicidad. Para ello, basta con ponerlos a su alcance y predicar con el ejemplo.
  • Esto último es lo más importante, en mi opinión. Si los padres o cuidadores siguen una dieta saludable y practican ejercicio físico a menudo transmiten unos poderosos valores que acompañarán a sus hijos de por vida.

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