De temporada

Calabacines para todos los gustos, ¿cuál te falta por probar?

El calabacín es una de las hortalizas más versátiles en la cocina. Puedes usarlo como ingrediente principal, como guarnición o en cremas.

Los calabacines, parientes de melones y pepinos, no pueden faltar en los menús, especialmente los de verano. Refrescantes y nutritivos, son el fruto de una planta muy productiva ideal para pequeños huertos, incluidos los urbanos.

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Un calabacín pequeño, de unos 180 g, aporta casi el 60% de la vitamina C que se necesita al día, en torno al 20% de la B6, el 15% de la B1 y del ácido fólico y el 8% de la vitamina A. También el 4% del calcio y el hierro.

Vitaminas y minerales se concentran sobre todo en la piel, que conviene conservar siempre que la frescura del calabacín lo permita.

Se aconsejan en dietas de adelgazamiento por su pobreza en sodio y calorías (solo 20 en 100 g), mientras que su suavidad los hace idóneos para estómagos delicados y en casos de estreñimiento.

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Si se recogen pequeños resultan muy tiernos e incluso muchos se pueden comer crudos o con un toque de vapor. Si los vas a freír, remójalos antes en leche vegetal para que absorban menos aceite.

4 tipos de calabacín que no conocías

De origen americano, se han adaptado perfectamente al Mediterráneo y se hallan en muchas formas, colores y tamaños. Aquí puedes ver una pequeña muestra.

De cuello curvo

Esta variedad (Cucurbita pepo var. torticollis) ya se cultivaba antes de que los españoles llegaran a América y es una de las variedades de cultivo más antiguas que se conocen. Estados Unidos es el país donde más se consumen.

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Recto y amarillo

Entre las variedades rectas (Cucurbita pepo var. recticollis) el calabacín amarillo es el gran desconocido. Desarrollado en la década de 1990, es algo más delgado que el verde y puedes usarlo con la piel para hacer cremas claritas.

Achatados

Proceden del sudeste de Estados Unidos, donde se conocen como pattypan, aunque en España se les llama "calabaza bonetera" y en Francia "calabaza española". Se consumen en verano, inmaduros, y su pulpa es firme.

A menudo se rellenan y quedan muy graciosos con la tapita (la parte del pedúnculo) colocada.

Los hay blancos, amarillos y verdes estriados. Si se dejan madurar la piel se engruesa y la pulpa se endurece hasta que resultan incomestibles.

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Con forma de pera o de huevo

Estas variedades también resultan muy adecuadas para rellenar. Prueba a añadir menta al relleno (este puede ser, por ejemplo, de quinoa y cebolla), pues sus sabores combinan a la perfección.

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