Obesidad: qué implica y cómo prevenirla en adultos y niños

Mantener el peso dentro de unos límites saludables no solo ayuda a sentirse bien y tener mejor aspecto sino que disminuye el riesgo de enfermedades muy graves.

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La obesidad es uno de los temas médicos más recurrentes de los últimos años en los medios de comunicación, pues en poco tiempo ha pasado de ser un problema aislado a una preocupación sanitaria de primer orden.

Y no es extraño, porque en nuestro país se calcula que casi un 40% de la población padece sobrepeso y un 14%, obesidad. Es ciertamente alarmante, especialmente en el caso de los niños, en los que su incidencia no deja de aumentar cada año.

Resulta paradójico dado que nunca se había dispuesto de tanta información dietética ni de tantas posibilidades para seguir una dieta equilibrada y, sin embargo, nunca el problema de la obesidad había sido tan acuciante.

Las causas de la obesidad: el origen no siempre es claro

Es muy habitual que personas con un IMC normal sigan dietas muy desequilibradas para perder peso. La causa es que generalmente el peso que la medicina considera normal no se corresponde con el que preconizan los cánones estéticos imperantes.

De la misma manera, otro error habitual es pensar que la estética corporal depende esencialmente del peso. La estética depende del peso pero también de la masa muscular, de la constitución, de la distribución de la grasa, la armonía de las formas, etc. En definitiva, estar delgado no siempre equivale a tener un aspecto atractivo.

Hay personas que siguen dietas desequilibradas y sin embargo presentan un peso correcto, y a la inversa.

A pesar de que a primera vista puede parecer que todo problema de exceso de grasa se debe a una ingesta inadecuada, las causas no son siempre tan sencillas.

Es cierto que en las personas obesas hay una energía sobrante que se deposita en forma de grasa, pero esto puede suceder por estar alterados desde los mecanismos de la saciedad, que son neurológicos, hasta los del metabolismo de las grasas, el aprovechamiento de los nutrientes o la termogénesis.

La verdadera causa, el mecanismo íntimo de la obesidad, continúa siendo una incógnita para la ciencia. En general se cree que la obesidad surge a partir de factores externos que activan una predisposición genética.

La siguiente lista repasa alguna de las causas de obesidad más conocidas:

  • Genéticas. Los hijos de padres obesos tienen una probabilidad mucho más alta de padecer obesidad. Cuando uno de los progenitores es obeso la probabilidad es del 50%. Si lo son los dos, puede elevarse hasta el 80%.
  • Dieta desequilibrada. Ingerir más energía de la necesaria conduce a la larga a un exceso de grasa y posiblemente al sobrepeso y la obesidad. Con qué ritmo y a partir de qué tipo de dieta, depende de cada persona y fluctúa con los años.
  • Sedentarismo. La ausencia de actividad física constituye un factor de obesidad muy importante. No hay más que ver cómo aumentan de peso los deportistas cuando abandonan el deporte, sobre todo si lo practicaban de forma profesional. Sin llegar a estos extremos, una disminución de la actividad cotidiana puede provocar a medio plazo un aumento de peso. Por ejemplo, el simple hecho de desplazarse al trabajo en coche si siempre se había hecho andando, puede llevar con el tiempo a un aumento de peso.
  • Fármacos. Es cierto que hay fármacos que pueden predisponer a un aumento de peso y grasa. Entre ellos, algunos tranquilizantes, corticoides, preparados hormonales, etc. De todas formas, estos efectos suelen desaparecer cuando se deja de tomar el fármaco.
  • Enfermedades endocrinas. Algunas enfermedades endocrinas, como el hipotiroidismo, pueden provocar un aumento de peso. Pero se trata de dolencias con una incidencia baja. La mayor parte de obesos presenta un funcionamiento tiroideo normal.
  • Enfermedades neurológicas. Existen algunas enfermedades del sistema nervioso central que pueden provocar un aumento de peso. Su incidencia es baja pero evidentemente deben descartarse. No hay que olvidar que muchos neurotransmisores están relacionados con la regulación del peso.
  • Abandono del tabaquismo. Especialmente si se fuma mucho, cuando se abandona el tabaco se puede producir fácilmente un aumento de peso. La causa radica en que se ralentiza el metabolismo, además de que aumentan el apetito y la apreciación de los sabores.
  • Alteraciones psicológicas. Una depresión, el estrés mantenido o la ansiedad pueden acarrear alteraciones del comportamiento alimentario que finalmente se traduzcan en aumentos de peso hasta llegar a la obesidad.
  • Cambios geográficos. No se trata de algo absurdo. Un cambio del lugar de residencia y, consecuentemente, de clima y de hábitos dietéticos puede llevar a un aumento de peso y de masa grasa.
  • Horarios laborales. Algunos estudios apuntan a que las personas que trabajan de noche tienen una probabilidad más alta de padecer problemas de sobrepeso.

Los riesgos que implica la obesidad

Se habla tan a menudo y en ocasiones de forma tan superficial de la obesidad que se diría que la principal consecuencia de un exceso de grasa sea su repercusión estética.

Nada más lejos de la realidad. Está claro que una mala imagen corporal produce efectos negativos nada despreciables, pero las consecuencias de la obesidad van mucho más allá.

Numerosos estudios demuestran que está asociada a una mayor incidencia de enfermedades y, a la larga, a una menor esperanza de vida.

Por lo tanto, aunque es cierto que mantener el peso bajo control puede hacernos tener buen aspecto, es aún más importante para la salud y para evitar el riesgo de desarrollar algunas enfermedades graves.

Las siguientes son algunas de las enfermedades que puede sufrir una persona obesa:

  • Diabetes. Las personas con obesidad tienen una probabilidad de padecer diabetes tipo II mucho más alta que el resto de la población. De hecho, un porcentaje considerable de diabéticos son obesos. Y actualmente se considera que prevenir la obesidad supone también prevenir la diabetes. En la mayoría de diabéticos, por otra parte, una disminución del peso mejora sus cifras de glucosa y, en definitiva, su enfermedad.
  • Hipertensión. Existe una relación muy clara entre la obesidad y la hipertensión. Especialmente si se trata de obesidad central o androide, es decir, aquella en que la grasa está depositada sobre todo en el tronco y en el abdomen. Asimismo, en la mayoría de hipertensos una disminución del peso tiene como consecuencia una mejora de las cifras de tensión arterial. Esto ocurre incluso con pérdidas de peso discretas.
  • Aterosclerosis. Las personas obesas sufren más hiperlipemias, trombosis arteriales y venosas, accidentes vasculocerebrales, etc. En definitiva, está demostrado que la obesidad provoca un mayor desgaste del sistema cardiovascular y una mayor propensión a todo tipo de problemas relacionados con este sistema.
  • Apnea del sueño. No es tan frecuente como los trastornos mencionados anteriormente pero sí notable su incidencia en personas obesas. El trastorno se caracteriza por el cese de la respiración durante un periodo de tiempo mientras se duerme. A largo plazo puede producir problemas cardiacos muy graves.
  • Problemas osteomusculares. Es obvio que movilizar un cuerpo con más grasa y, en general, más peso provoca un mayor desgaste y una alteración en todo el sistema osteomuscular. Así pues, está demostrado que las personas con obesidad sufren más osteoartritis, problemas en las rodillas, en la columna vertebral, pies planos, osteoporosis, etc.
  • Alteraciones psicológicas. La obesidad puede provocar problemas de aceptación de la imagen corporal que lleven a la depresión, a alteraciones del comportamiento alimentario, a la ansiedad... La creencia popular de que "los gordos son felices" resulta errónea.
  • Otros problemas. Las personas obesas tienen una mayor incidencia de infertilidad, trastornos menstruales, impotencia e incluso mayor predisposición a ciertos tipos de cáncer. Además, ser obeso aumenta el riesgo de sufrir complicaciones en una operación quirúrgica. La lista de enfermedades relacionadas con la obesidad podría ser más extensa: queda claro que el problema va mucho más allá de tener que utilizar una talla grande.

La obesidad constituye en definitiva una enfermedad crónica que puede acabar con la vida de quien la sufre. A más peso, mayor riesgo de enfermedades y de muerte prematura.

Cómo prevenir la obesidad en los niños

Empieza a ser preocupante el porcentaje de niños con exceso de peso, sobre todo porque muchos de ellos acabarán siendo adultos con sobrepeso, con todas las consecuencias mencionadas antes.

Por supuesto, es el pediatra quien debe determinar la dieta del niño obeso pero los padres pueden seguir unas normas básicas para evitar este problema, especialmente si el niño tiene una predisposición genética a la obesidad o si a edad temprana empieza a ganar más peso del recomendable.

Entre estas normas básicas para evitar los problemas de peso en los niños se encuentran:

  • Desde el principio. Hay que acostumbrar al niño a una dieta equilibrada y sana desde pequeño: los buenos hábitos se adquieren a partir de los dos años y no a los quince como a veces se cree.
  • Ser modelo. Es importante también que los padres den buen ejemplo sobre este tema. Los niños son grandes imitadores.
  • El desayuno es importante. Cada vez está más demostrado que los niños que ingieren un desayuno correcto tienen un rendimiento escolar más elevado y una menor incidencia de sobrepeso. El pan, o los cereales, con fruta y un lácteo constituyen el mejor desayuno.
  • Limitar las chucherías. No hay que prohibirlas a los niños pero sí limitarlas a días puntuales. Hay que evitar que la bollería, las bebidas refrescantes y las chucherías formen parte de su dieta diaria.
  • Ni premio ni castigo. No hay que utilizar la comida como premio o castigo. No es algo negociable.
  • Reequilibrar con la cena la comida escolar. Es importante saber exactamente qué es lo que come el niño.
  • Platos atractivos. Se ha de procurar que los platos menos apetecibles para el niño, como las verduras, el pescado o las frutas, tengan un aspecto y una preparación agradables.
  • Sabores naturales. Es bueno habituar al niño al sabor natural de los alimentos y a una condimentación escasa.
  • Promover el ejercicio. Hay que estimular al niño para que realice una actividad física diaria y evite la inmovilidad prolongada ante el televisor, la consola o el ordenador. El sedentarismo es una las principales causas del aumento del sobrepeso entre los niños.
  • Sin agobios. Hay que controlar la dieta infantil pero sin agobiar y sobre todo teniendo en cuenta que una dieta desequilibrada podría perjudicar su crecimiento y su rendimiento escolar.

En definitiva, hay que tener en cuenta el problema del sobrepeso desde el principio, sin presionar al pequeño pero acostumbrándolo a una alimentación sana.

Muchos casos de sobrepeso y obesidad se deben a una mala alimentación en la infancia. Además, los hábitos alimentarios adquiridos a esa edad o en familia suelen perdurar en el futuro.

Situaciones que predisponen al sobrepeso

En algunos tramos de la vida se es especialmente vulnerable al sobrepeso porque se experimentan cambios importantes en el organismo que afectan al apetito o a las necesidades energéticas. Conviene conocerlos.

  • Embarazo. Si no se controla la dieta y no se hace ejercicio, durante el embarazo se pueden ganar fácilmente kilos de más de los que luego resulte difícil desprenderse.
  • Menopausia. Los cambios hormonales de la menopausia pueden conllevar un aumento de peso. No ocurre siempre pero es bueno tenerlo en cuenta. Además, en la menopausia disminuyen los requerimientos energéticos de la mujer, por lo que también la dieta debe ser menos calórica.
  • Estrés. Con su carga de ansiedad, el estrés puede inducir a comer de forma compulsiva.
  • Trabajos nocturnos. Pueden favorecer el que se coma de for - ma repetida y excesiva, además de trastornar el ciclo del sueño, con las consiguientes alteraciones alimentarias.
  • Depresión. Resulta frecuente que cuando se padece depresión se coma en exceso o de forma insuficiente. A estos trastornos alimentarios se puede sumar el efecto de algunos fármacos antidepresivos que predisponen al aumento de peso.
  • Sedentarismo obligado. Una inmovilización forzada por un accidente o un problema de salud puede conllevar una reducción drástica de la actividad física y, por tanto, el consecuente aumento de peso.
  • Cambio de hábitos. Modificar algunas costumbres cotidianas banales, como empezar a comer fuera de casa, cenar un poco más o andar menos, pueden dar lugar a largo plazo a un aumento de peso. Está comprobado que pequeños cambios de hábitos mantenidos en el tiempo acaban produciendo cambios en el peso.
  • Envejecimiento. Suele acompañarse de un aumento de peso porque disminuye la actividad física y las necesidades energéticas resultan menores. Hay que ajustar el consumo alimentario a los requerimientos de ese momento vital y buscar actividades idóneas para mantenerse físicamente activo, como hacer ejercicio en el agua.

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