Afecta al desarrollo intelectual

Perclorato, el contaminante de alimentos del que apenas se habla

Claudina Navarro

El perclorato, una sal que contiene cloro, se encuentra en muchos de los productos que consumimos y puede afectar al desarrollo neurológico de los niños.

Habrás oído hablar de los microplásticos, los pesticidas o los disruptores endocrinos, pero seguramente no del perclorato, un producto de la descomposición de la lejía, que contamina los alimentos y puede afectar especialmente a los niños.

El perclorato se utiliza como aditivo en los sacos y grandes contenedores de alimentos secos como el arroz o el té para eliminar la electricidad estática y reducir el riesgo de incendios y explosiones en las plantas de fabricación y distribución.

También se genera a partir de la lejía (hipoclorito de sodio) que se utiliza para limpiar los contenedores y las máquinas en las plantas de producción de alimentos, a los que contamina.

Finalmente el perclorato puede encontrarse en pequeñas cantidades en el agua potable al derivarse del cloro utilizado en las plantas depuradoras.

El perclorato puede afectar la inteligencia y la concentración

El problema es que, al sumarse todas las fuentes de exposición, la población y sobre todo los niños se pueden ingerir a niveles por encima del nivel máximo de seguridad, lo que altera la función de la tiroides y, en consecuencia, el desarrollo del cerebro.

Como consecuencia de la exposición de los niños a perclorato, la tiroides absorbe menos yodo nutricional y produce menos hormona tiroidea, lo que está asociado con disminuciones significativas en el cociente intelectual y la capacidad de concentración, entre otros impactos.

En Estados Unidos las autoridades sanitarias han comprobado que desde que se autorizó el perclorato para su uso en la industria alimentaría la exposición de los niños ha aumentado entre un 23 (los niños) y un 34% (los bebés).

Esto es debido a que el perclorato contamina los envases de fórmula infantil, cereales y productos lácteos.

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Las organizaciones ecologistas y de consumidores piden su prohibición

Por ello, organizaciones ecologistas y de consumidores de los Estados Unidos ya han pedido que se prohíba. Sus expertos alegan que un buen uso de los agentes de limpieza en las plantas industrias puede evitar completamente la contaminación. Y para combatir la electricidad estática existen otras alternativas.

En Europa, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha establecido que la ingesta diaria tolerable es de 0,3 mcg por kilogramo de peso corporal y día.

En 2015 la Comisión ordenó que los estados miembros y las empresas midieran la presencia de perclorato en frutas y hortalizas y en sus productos derivados, en los alimentos destinados a una alimentación especial de los lactantes y niños de corta edad, en las hierbas desecadas y las especias, y en las bebidas, incluida el agua potable.

Té, especias y espinacas, los más contaminados con perclorato

En 2017 se dieron a conocer los resultados:

  • Los valores más altos se encontraron en hierbas para infusiones (324 mcg/kg), especias y condimentos (63 mcg/kg).
  • En las hortalizas frescas, los niveles más altos se hallaron en las espinacas (132 µg/kg), los rábanos (117 mcg/kg) y la rúcula (75 mcg/kg). La presencia de perclorato en las verduras es debida a que lo absorben del agua de riego y de los fertilizantes químicos.

A partir de esta información, todavía está por decidir cuáles son los niveles máximos permitidos en alimentos.

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Conviene utilizar sal marina o sal yodada

Mientras el perclorato no se limita o prohíbe, los expertos recomiendan que utilicemos sal marina o sal yodada para cocinar. De esta manera se compensa el efecto del perclorato sobre la tiroides.

Consumir estos tipos de sal también es un consejo general para las personas que siguen una dieta vegetal y que no ingieren el yodo que contiene el pescado, su principal fuente alimentaria.

Las algas son otra fuente de yodo, pero contienen tanta cantidad que solo se pueden consumir en pequeñas cantidades en algunos platos.

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