El puzzle del amor

Amores y zapatos que te gustan pero no te sientan bien

Hay alguien que te encanta y te enamora pero si la relación no encaja, por mucho que te guste esa persona, pues no encaja. La relación es o debería ser un elemento para el enamoramiento.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

El otro día trataba de explicar aquello de que te puede gustar mucho alguien, incluso estar medio enamorada, lo del crush y esas cosas, y no querer tener una relación amorosa con esa persona. Ni amorosa ni sexual, ni sexo-amorosa.

A mí eso me parece normal, vamos, porque para tener una relación de esas con alguien son necesarias más condiciones que gustarle y que te guste…

Vamos al ejemplo de los zapatos, o de la ropa, lo que sea. A veces ves unos zapatos en un escaparate que te encantan pero no te los pondrías ni para estar sentada, ¿no? O a veces sí te los pondrías pero te quedan fatal, o no son tu talla o están mal hechos y te aprietan en lugares extraños que hacen la supervivencia humana difícil.

Cuando todo eso pasa, pues en general no nos los compramos. O sí, pero ese ya sería otro tema.

Pues con las relaciones igual, ¿no? Que hay alguien que te encanta y te enamora y de todo pero que la vida así intensa al lado de esa persona ya se ve que será infierno no por ella, sino por la relación.

O que te parece que sería maravillosa pero la otra persona no quiere la misma vida que tú así que solo sería maravillosa si la otra persona ¡chuf! dejase de ser quién es para convertirse en lo que a ti te va bien, cosa también muy raruna porque si lo que te gusta de esa persona es ella, pues en general la cosa va en pack y no se puede quitar o poner una pieza como si tal cosa para que se amolde mejor a tu salón.

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Ese es el argumento clásico de los señores también clásicos que no quieren que los cambie su pareja, ya, pero quieren que la pareja se quede a aguantarlos y no es eso lo que intento decir para nada.

Más bien intento decir que se aguanten solos, que si la cosa no encaja por mucho que tal, pues no encaja, y la relación es o debería ser un elemento para el enamoramiento.

Imagino que la trampa está en que nos deslumbramos con otra persona pero también, o a veces sobre todo, nos deslumbramos con la idea de deslumbrar a esa persona que nos parecen tan de todo, y nos deslumbra la idea de nosotras mismas teniendo a la otra a nuestro lado.

Suena un poco a trofeo, lo sé, y a nadie le gusta pensar que su enamoramiento forma parte de un trofeo, pero vivimos en el mundo que vivimos y la cosa de los trofeos está a la orden del día.

En realidad es todo bastante más sencillo, creo. En todas las relaciones, y en todas las parejas si hablamos de eso, hay al menos tres: tú, yo y la vida.

Y tú y yo podemos encabezonarnos en estar, que como la vida se ponga con que no, pues no.

Todo esto, claro, sería más fácil si estar sin pareja no fuese como subir al Himalaya, que por lo visto es algo que se hace más que estar sin pareja hasta el punto de que hay colas para hacer la cumbre como hay colas en el supermercado a hora punta, que es una noticia que me tiene más Insana que de costumbre pero que parece que es así, algo que nunca comprobaré porque se me han perdido pocas cosas a 8.000 metros de altura así que poco me verán por allá a menos que cambie una mucho sus prioridades.

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Y sí, vivir sin pareja tiene tela. Ya no en lo subjetivo, que también, pero es que hasta pagar un alquiler si no se hace a medias es complicado.

Bueno, me estoy mareando de tanto calor y tanto capitalismo. Lo dejo aquí.

¡Feliz semana, Mentes!

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