¿Qué necesitas?

Aprender a pedir ayuda

Le tenemos pánico a hacernos las víctimas, porque siempre hay cosas más importantes que nuestra propia miseria. Y al final se nos va la mano y nos olvidamos de nosotras mismas.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

Hace un par de semanas publiqué “5 propuestas feministas ante los flames en las redes sociales” y ahora, dos semanas después, me doy cuenta de que me dejé algunas cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha.

Una de ellas me la ha enseñado mi amiga Laia en una conversación de pim pam. Andaba yo quejándome de no estar recibiendo apoyo público en pleno flame y ella me contestó: tía, dinos qué necesitas.

Bum.

Tan claro, tan obvio, tan feminista. Pedir ayuda, pedir apoyo, decir claramente qué necesitas, no dar por hecho que las demás te leen la mente o que tus necesidades son obvias, porque no lo son.

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Qué necesitamos, esa cosa que nos cuesta tanto decir a las mujeres por aquello de la construcción de género que nos enseña que lo nuestro nunca es tan grave ni tan prioritario. Y que es algo que, además, se cruza con el hecho de ser activista, porque las activistas parece ser que le tenemos pánico a hacernos las víctimas, porque siempre hay cosas más importantes que nuestra propia miseria.

Y al final se nos va la mano y nos olvidamos de nosotras mismas.

Esto no lo digo yo, lo dice mi terapeuta a la que llamo La Más Grande, con permiso de Rocío Jurado, que también lo era. La más grande, digo, no terapeuta.

Así, cuando estamos recibiendo un flame nos parece que todo el mundo se ha enterado y que todo el mundo sabe qué necesitamos. Pues no. Hay que pedirlo claramente: necesito que hagáis esto. Y ya cada cual que decida si lo hace o no lo hace.

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La otra cosa que he aprendido estos días es que podemos abandonar las redes sociales. Ya lo sé, ya lo sé, que es fatal desocupar los lugares de palabra, que no podemos retirarnos de los espacios de palabra, de al final siempre gana la violencia, que plim y que plam. Ya.

Pero igual tenemos que pensarnos de manera colectiva y no individual, igual no eres tú ni yo las que somos imprescindibles en las redes sociales, sino una voz colectiva que hay que colectivizar, que hay que traspasar y que hay que tomar el relevo, al mismo tiempo.

Porque un solo cuerpecito no puede aguantar por sí sola tanta violencia, pero el cuerpo colectivo sí puede.

Esto me recuerda el tema de la pedagogía. Desde los movimientos críticos reivindicamos el derecho a no hacer pedagogía, no estamos obligadas a hacerla, sino que todo el mundo debería sentirse interpelado a formarse en cuestiones críticas.

De acuerdo.

Pero eso es a nivel personal: ni tú ni yo estamos obligadas a pasarnos el día explicándoles cosas a gente que podría informarse por sí misma y dejar de darnos la tabarra poniendo en duda cosas tan evidentes como que el racismo existe, el machismo existe, el clasismo existe, la lesbofobia existe…

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Pero no estoy tan segura de que podamos dejar de hacer pedagogía en lo colectivo. Pienso en nuestras muertas y en qué pensarían ellas si les dijésemos que hemos decidido no hacer pedagogía. El cuerpo colectivo tiene que asumir esos espacios, y el cuerpo colectivo tiene que construirse entre todas para poder llenar esos espacios.

¡Feliz semana, Mentes!

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