El sexo es mío

Tu y mi y su sexualidad es de cada cual

Tenemos una tendencia muy metida dentro, muy sistémica, de creer que nuestra sexualidad es de quien sexualiza con nosotras. O sea, que es la otra persona la que hace que nos lo pasemos bomba o regulero.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

Hace unos días hablaba con una amiga de esas que no quieren ser citadas y que visto lo visto se ha puesto seria y ya me ha amenazado con acciones legales, que con amigas como estas entenderéis que me paso los y las enemigas por el forro del wonderbra, y hablábamos de sexo, vaya vaya.

Total, que hablábamos de parejas y de separaciones y de enganche a amantes y todas esas cosas y ella me decía que no entendía eso de que el sexo con fulanita o menganito es lo más y que ya nunca más tendré un sexo así si se va, porque tu sexualidad es tuya. Así lo dijo, con cara de estarse enfrentando a la mismísima física cuántica. A ver, decía, pero tu sexualidad es tuya, ¿no? Y me miraba con cara de marciana.

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Y sí, no es poca cosa la cosa. Tu y mi y su sexualidad es de cada cual, y tenemos una tendencia muy metida dentro, muy sistémica, de creer que nuestra sexualidad es de quien sexualiza con nosotras. O sea, que es la otra persona la que hace que nos lo pasemos bomba o regulero y fingiendo que nos lo pasamos bomba, va, seamos sinceras.

Pues resulta que no. Que el deseo es mío, y el sexo es mío, de mí, tuyo de ti. Que follar con una misma, para empezar, es un gustazo si le diésemos el espacio que merece y no esa especie de parada técnica que le damos a la masturbación que es como para sacarnos el tema de encima hasta que llegue alguien que nos haga nosequé.

Que si tienes claro qué te gusta se lo puedes decir a la otra persona que lo haga y no esperar a que adivine tus pensamientos o lea tu cuerpo como un libro abierto escrito con letras grandes para mayores de 40 –si se da el caso– y en un idioma que la otra persona domine con la de idiomas que hay.

Claro que, entonces, la romantización falla. Porque hemos aprendido también a tirar cohetes cuando se da el bingazo de que alguien acierta y entonces ya empezamos que si es la persona de mi vida, que si nunca he tenido sexo como con esa persona que si tal que si cual, ansiedad parriba, frustración parriba también, dependencia más parriba aún, y agencia y autoestima parabajo, parabajo, parabajo…

Si echamos cuentas, así poniéndonos prácticas a tope que es algo que no nos está de mas, Mentes Románticas, si echamos cuentas nos sale mejor lo segundo, la practicidad, que lo primero. En orgasmos ganaremos por goleada, y en placer sin orgasmos, que también estar siempre pendiente de la productividad del sexo es un palo aunque eso solo opera cuando la productividad está asegurada y puedes escoger si tener orgasmos o no, pues ganaríamos en placer, digo, aunque perderíamos en fliparnos cuando “esa” persona que ha acertado tus puntos y tus comas, posiblemente por casualidad.

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Ya me conocéis: yo estoy a favor de fliparnos pero como juego, no como realidad. Fliparnos sabiendo que nos estamos flipando, y no creyendo que aquello es verdad, es real. Porque el relato cambia que no veas, y la agencia, queridas, la agencia que me tiene frita, la agencia amorosa que todas tenemos aunque no nos demos cuenta, la agencia sigue ahí y nos da más margen para decidir qué sí y qué no y cuándo sí y cuándo no, sin dejarnos llevar por esos huracanes que molan mogollón hasta que te estrellas contra la primera farola que encuentra en el vuelo.

Y nada. Que menuda caloraza hace, al menos en la latitud en la que estoy que en otras sé que estais en invierno y me dais una envidia que ni os cuento.

¡Feliz semana Mentes!

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