Desde abajo somos grandes

Si nos hiciésemos los selfies en contrapicado, otro gallo cantaría

A veces me veo en fotos y lo primero que me sale de dentro es criticarme. Criticarme mi aspecto. Pero me paro, le pego un cachete al bicho ese que aún llevo dentro y que quiere que me odie a mí misma y le hago callar.

Mentes insanas

BLOG

Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

Vengo con la idea de otra amiga de esas que no quieren que las cite, que ya me dirás… pero a riesgo de quedarme sin amigas pues le voy a hacer caso y no la voy a citar. Total, os digo esto para que no me deis el mérito de esta idea que os voy a explicar, que luego parezco más lista de lo que soy y en persona decepciono.

Dice mi amiga que si nos hiciésemos todos los selfies en contrapicado, otro gallo nos cantaría. Es decir, en lugar de poner la cámara arriba y que nos salga el cuerpo como un cucurucho de helado coronado por nuestra cabeza (que sería la bola de helado, ya me entendéis) pues hacerlas al revés, desde abajo.

La papada. Como si os estuviese oyendo, vamos. Que se nos verá la papada, incluso la papada que no existe porque con la foto desde abajo todo el mundo tiene papada.

Pues ese es el tema.

Mi amiga, a la que llamaré M.A. a partir de ahora, dice que así se acabarían los rollos de gordas y delgadas, al menos en las redes, porque desde abajo todas parecemos grandes (y desde arriba, esto lo añado yo, todas parecemos pequeñas).

Artículo relacionado

aceptar-imagen-corporal-vejez-experiencia

¿Y si haces las paces con el espejo?

Ella dice que, puestas a escoger, siempre mejor parecer grande, porque damos más miedo, porque nos vemos poderosas, y porque rompemos varios estereotipo de género de un solo gesto, ese de que todas tenemos que ser talla mini y cucurucho de helado, de que todas tenemos que ser indefensas y desvalidas.

Pues no, mujeres enormes todas, por dentro y por fuera.

Además, y esta es la parte de su propuesta que más me gusta, en las fotos de cucurucho el mundo nos está mirando desde arriba, como si fuésemos eternamente niñas pequeñas rodeadas de adultos. Pero en las fotos contrapicadas, desde abajo, somos gigantas mirando el mundo por encima del hombro, o del pecho, o de la barriga o de la papada. Pero desde arriba. Y eso da mucho gustito, para variar.

Artículo relacionado

Cómo recuperar la autoestima

Cómo sanar una autoestima herida

Llevo unos meses proponiendo esta acción cuando doy charlas y cosas así. Y a la salida, todas nos hacemos fotos en contrapicado y la sesión de fotos se convierte en una risa y deja de ser la cosa aquella sufriente de se me ve gorda se me ve vieja se me ve no se qué.

Hace muchos años trabajaba de jefa de comunicación e iba por ahí haciendo fotos a mis compañeras y compañeros de trabajo para las cosis así de difusión. Me alucinaba que los hombres posaban y se iban sin más, pero todas nosotras, todas, todas, posábamos, revisábamos la foto, decíamos que habíamos salido fatal, la repetíamos varias veces, y al final aceptábamos una versión de manera resignada.

Artículo relacionado

autoestima confianza exito

Actuar con confianza

A mí también me pasa: a veces me veo en fotos y lo primero que me sale de dentro es criticarme. Criticarme a mí, pobre de mí. Criticarme mi aspecto. Pero me paro, le pego un cachete al bicho ese que aún llevo dentro y que quiere que me odie a mí misma, que me disguste, que me desprecie. Y le digo: ehhh cuidadito… ni una palabra majo. Y le hago callar.

Los contrapicados son difíciles de salvar. Por una vez, el objetivo de las fotos es salir mal, divertidamente mal, y hacerle un corte de mangas en cada imagen a esos bichos que nos quieren mal.

¡Feliz semana, Mentes!

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?