No nos engañemos

El sexo con amor sabe mejor

El sexo lo tenemos puesto en un lugar distinto al enamoramiento por aquello de que es la marca de exclusividad, es aquello que la otra persona se supone que solo hace contigo y que te pone por encima de las demás relaciones.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

Sigo con el hilo del enamoramiento que empezamos hace unas semanas porque la cosa merece unas cuantas vueltas. Ya me sé la teoría que dice que el sexo es sexo y que el enamoramiento es otra cosa y que se puede tener muy buen sexo sin estar enamorada y todo eso.

Pero luego te enamoras y el sexo con esa persona es la leche, y sigues repitiendo la teoría pero piensas que es mentira o que tú estás fatal –por aquello que hacemos de sí o no, blanco o negro, todo o nada– que parece que los matices nos dan pereza o nos perdemos si hay que matizar.

Lo afirmo: el sexo cuando estás enamorada es una pasada. Al menos el sexo con esa persona. Es especial, sí. Pero, tiramos del hilo: ¿qué no es especial con esa persona cuando estás enamorada?

Quedas a tomar un café con ella y parece que vas dando saltitos por la calle de la alegría que te da, te pones a mirar una peli y es una experiencia extracorpórea, aunque la peli sea una basura. Se te estropea el coche en mitad de un viaje y todo es tan gracioso allí cambiando la rueda bajo un sol de castigo y sin agua –porque os la habéis tirado por encima para haceros la gracia– y ahora estáis al borde de la muerte pero no pasa nada porque es maravilloso. Estar enamorada es básicamente eso. Así que el sexo entra dentro de todo eso mismo.

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Ahora bien: como el sexo lo tenemos puesto en un lugar distinto por aquello de que es la marca de exclusividad, es aquello que la otra persona se supone que solo hace contigo y que te pone por encima de las demás relaciones, le damos un peso al sexo que no le damos a cambiar una rueda del coche en mitad de la canícula.

Y por eso la sola idea de que la persona de la que estamos enamoradas tenga sexo con otra nos hace explotar todo, porque imaginamos que el sexo con la otra persona será “eso”. Pero sabemos perfectamente que cuando se toma un café con otra persona no pasa nada ni está embobada mirándola más que tomando café, y sabemos que cambiar una rueda le pondrá de mala leche y no como le pasa cuando está enamorada.

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Esa distinción para empezar. Pero para seguir, como tenemos ese batiburrillo con el sexo y el enamoramiento, en muchas ocasiones sí sucede que cuando nos acostamos con otras personas (y hablamos de relaciones donde está consesuado que eso pase) jugamos a estar enamoradas, performamos el enamoramiento, y al performarlo, sucede. O a veces no te sucede a ti, pero estás induciendo a que le suceda a la otra persona, porque enamorar a alguien no solo nos sube la autoestima sino que, para las mujeres, es un mandato de género. No solo enamorarnos sino, especialmente, enamorar a los y las demás.

Así que el drama del poliamor no puede reducirse a que nos acostemos con más gente, sinó a qué sucede cuando lo hacemos.

Y no, tampoco tiene por qué pasar nada por enamorarnos de toda la gente que nos da morbo y con la que queramos acostarnos, pero al menos deberíamos ser más claras con lo que está pasando ahí. Claras con nosotras mismas y claras con las demás, porque nuestras entrañas son muy frágiles y el mundo está lleno de dolores y ya está bien de seguir añadiéndonos más daño en lugar de ir a terapia cuando nuestra personalidad amorosa es dañina como iríamos a la dentista si nos huele el aliento y toda la gente que se acerca a nosotras acaba sufriendo un soponcio. Pues lo mismo.

¡Feliz semana, Mentes!

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