¿Lo importante es participar?

Vamos a competir hasta que perdamos todas

Es mentira podrida eso de que lo importante es participar, porque de ser así no habría premios y nos quedaríamos tan panchas. Pero competir no lleva necesariamente a que alguien gane y las otras pierdan.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Un año más, afortunadamente, ha sido mi cumpleaños, cosa que significa que he vivido un año más, gesta que tiene su mérito en este mundo que madre mía cómo nos está quedando de fatal, en general. Cuarenta y seis años afortunadamente y repito, por si las moscas, lo que vengo diciendo cada año:

La frase esa de “no se te notan” me parece un insulto porque yo me esfuerzo mucho en que los años me cundan, en que me vuelvan más cosas bonitas y menos cosas pesadas.

Así que decirme que aparento menos significa algo así como “sigues tan plasta como hace cinco años, maja”

Este año, para celebrarme y celebrarnos, he organizado un concurso de comida viejuna con mi gente, que viene a ser una comida vintage si fuésemos modernas, que no lo somos. Mayonesa a punta pala y agua de litines, que era un cosa que yo no conocía pero que vamos, me río yo de las bebidas molonas teniendo esto.

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Total, que lo interesante no ha sido tanto la cosa de la comida, que también, como la cosa del concurso. Ha sido decir la palabra mágica y nos hemos puesto todas las pilas que no veas a sacar lo mejor de cada casa y ha sido una risa total durante semanas de preparación.

Pero, digo yo, competir es mal. Competir es lo del capitalismo a lo bestia, lo de ser mejor que tus amigas, lo de todo lo malo concentrado. Y, sin embargo, nos lo hemos pasado de maravilla.

El resultado: mogollón de platos a cual peor-mejor, rueda de presentaciones de nuestros platos, lobby y pressing para conseguir votaciones, muchas risas y, al final, ni nos acordamos de votar porque daba igual.

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Y estábamos hablando sobre esto, porque las conversaciones intensitas, y más con mayonesa en el estómago y mucha agua de litines, se nos dan muy bien, cuando mi amigo Joao, que seguro que también odia que lo cite pero ya es tarde para quejarse porque aquí está la cosa, dijo:

- Es que ganar da igual, eso ya no tiene gracia. Lo divertido es solo competir.

¡Ay queridas Mentes, esto sí que cambia el juego! Porque ya lo dicen en las Olimpiadas, que lo importante es participar, pero la verdad verdadera es que luego se gastan millones en ganar, y se dan medallas y honores a quien gana, y pasa a la posteridad del deporte, y todas esas cosas.

Es decir, que mentira podrida eso de que lo importante es participar, porque de ser así no habría premios y nos quedaríamos tan panchas.

E igual ese es un truco interesante: todas esas causas-consecuencias que tenemos tan asimiladas, todos esos conceptos que el uno lleva al otro porque sí y parece que van juntos, a veces se pueden separar y a ver qué.

Que competir no lleva necesariamente a que alguien gane y las otras pierdan si se para el juego antes y se queda todo en la broma.

Que distinguir el trigo de la paja me parece una propuesta bastarda interesante, y que lo bastardo a mí me gusta mucho. Y no solo me gusta, sino que me parece la única manera de ir encontrándole las grietas a todas estas dinámicas perversas en las que vivimos.

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Y que nos evita también la afectación esa de la pureza ideológica, que es pesada como ella sola y solo nos da amargura y arrogancia. Vamos, creo. No lo sé.

Todo esto lo estaba pensando hace un rato mientras flotaba en el mar mirando un dron que sobrevolaba la playa os lo juro. Así que igual en un par de semanas me desdigo. Pero eso, para qué engañarnos, también tiene su gracia.

¡Feliz semana, Mentes!

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