¿Ser o tener?

3 motivos por los que consumir menos te hace más feliz

Nunca antes se asoció tanto la felicidad y el bienestar con el consumo, pero reducir nuestro consumo nos hace más felices.

Durante los meses que estuvimos confinados y, si nos ha tocado guardar cuarentena, los días en que hemos tenido que volver a encerrarnos en casa, hemos aprendido una lección importante: lo que más echamos de menos no es ir de compras, sino a nuestros seres queridos, la naturaleza, poder pasear, o movernos libremente.

El planeta no necesita más consumo, y nuestros bolsillos tampoco

Aunque consumir parezca ocupar un lugar central en nuestras vidas, la economía y la sociedad, en términos personales ni es tan relevante ni en muchas ocasiones tan necesario. De hecho, a menudo consumimos artículos absurdos por los motivos equivocados, como recompensarnos por un mal día, por ocio, etc.

Si pensamos un poco en el planeta, solo deberíamos consumir lo que necesitamos de veras. Lo advierte Global Footprint Network, organismo de Génova que mide la huella ecológica: consumimos 1,7 tierras en recursos al año. Es decir, consumimos y producimos por encima de la capacidad del planeta para renovarse. La organización WWF señala que en 2030 serán dos tierras, y en 2050 serán tres

También hemos aprendido que podemos prescindir de adquirir muchas cosas, salvo alimentación y unos productos básicos de higiene. No necesitamos tanta ropa, ni tanta cosmética, ni la mayoría de los productos que los reclamos publicitarios nos intentan vender.

Podemos hacer pan, yogur, jabón e incluso productos de limpieza para el hogar, o ejercicio en casa (o en el exterior) sin gastarnos un dineral en equipación o en el gimnasio.

Asimismo, hemos constatado que los cuidados (a uno mismo y a los demás) son más importantes que muchos bienes materiales. Y que, cuando el panorama se pone crítico, nuestras prioridades varían y nos hacen centrarnos en lo realmente importante, que desde luego, no es lanzarnos a gastar el dinero en productos superfluos.

Por qué nos hace más felices consumir menos

Estos son tres motivos por los que consumir menos, nos hace la vida más agradable, pero podría haber muchos más:

  • La felicidad no consiste en consumir

Piensa en cuáles son las experiencias que nos hacen crecer, desarrollarnos, madurar, que nos marcan positivamente, o que nos traen a la memoria los recuerdos más felices. En la mayoría de las ocasiones no tienen que ver con cosas que se puedan adquirir, sino con acontecimientos o aprendizajes vinculados a lo que nos pasa (bueno o malo) y cómo lo afrontamos.

Porque lo importante no es lo que nos sucede, sino la manera en que lo gestionamos.

  • Se gana en calidad de vida y tiempo

No solo conseguiremos ahorrar dinero consumiendo menos, sino que las posesiones no se van a preocupar por nosotros, ni nos mostrarán afecto. Al revés, las posesiones ocupan nuestra mente antes de adquirirlas (pensando qué vamos a comprar, cómo, etc.) y luego exigen atención: mantenerlas, repararlas, que no las roben, no perderlas, asegurarlas, cuidarlas o que las cuiden, darles un espacio, y dedicarles tiempo, nuestra posesión más valiosa, el verdadero lujo.

Según Eurostat, el tiempo que los europeos dedican a las compras y servicios personales (como ir al peluquero, etc.) oscilaban, incluso durante la pasada crisis (de 2008 a 2015), entre los 17 minutos diarios en Rumanía, a los 35 minutos en Alemania.

Eso acaba suponiendo casi de 2 a 5 horas a la semana; de 8,5 a 17,5 horas al mes. Y de más de 100 horas, a casi 213 horas al año. Sin contar con lo que luego nos suponen las demás tareas mencionadas. Mucho tiempo de vida que, en gran parte, podemos invertir en tareas más gratificantes.

Invertimos entre 100 y 213 horas al año en ir de compras. ¿Te imaginas el tiempo libre que ganarías si consumieras menos?

  • Amplifica nuestras experiencias

Lo que hacemos dice más de nosotros que nuestras pertenencias, nuestro aspecto, las marcas que usemos, o el coche, el móvil, la tablet o el portátil que tengamos.

Existen vivencias mucho más transformadoras, individual y colectivamente, que consumir, que además crean vínculos (personales, familiares, profesionales, sociales, etc.), redes de cuidados y apoyo mutuo mejorando nuestra vida, la de nuestra comunidad, la de otras personas, o el planeta. Explorémoslas, nos reportarán mucha más felicidad.

Iniciativas de apoyo mutuo surgidas durante la pandemia

De hecho, durante la pandemia, se han generado nuevas redes vecinales de apoyo y cuidado mutuo, así como se han visibilizado las existentes. Redes que han creado más de 500 espacios de solidaridad en todo el Estado para hacer frente a una crisis social que ha sobrepasado a las autoridades.

Según la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM), solo en Madrid, se han formado 58 redes desde asociaciones de vecinos y colectivos barriales que han atendido a más de 20.000 personas con recursos materiales y económicos propios. Incluso han recibido a familias derivadas de los Servicios Sociales sobrepasados, sin personal suficiente.

En el marco de estos espacios auto-gestionados, en la mayoría de los cuales participan de manera activa integrantes de colectivos de la FRAVM, se han creado más de 37 despensas solidarias, se han elaborado con medios propios más de 10.000 mascarillas y 7.000 pantallas individuales de plástico, además de miles de trajes protectores. Algunas redes también han recogido material informático destinado especialmente a estudiantes que carecen de él, recibiendo donaciones de este tipo.

A finales de abril, 21 redes solidarias de Barcelona firmaron un manifiesto para denunciar que el Departamento de Servicios Sociales de la ciudad condal estaba derivando a las redes de apoyo mutuo casos a los que no podían atender. Estas redes han vivido, con la crisis social del coronavirus, un crecimiento espectacular: de atender a 1.100 personas antes de la pandemia, han pasado a 5.500.

Y también se han dado otras iniciativas similares como: La Red de cuidados de Altza en San Sebastián, la Iniciativa Frena la Curva, el mapa sevillano de Supervecina #Yaquevas, Dinamiza tu cuarentena, Somos Tribu, La red de cuidados por barrios, Madrid sale al balcón, La Red de cuidados Antirracista en Barcelona, la caja de resistencia BiziHotsa o Ramuca, que construyen ciudadanía, mejoran la calidad de vida de nuestras comunidades, y las hacen más resilientes.

Y si quieres gastar: hazlo para ayudar a los demás

Conviene tener en cuenta que los investigadores Dunn, Aknin y Nortom preguntaron, en 2008, a una muestra representativa de estadounidenses, cuánto dinero gastaban en un mes en facturas y gastos, obsequios a ellos mismos u otros, y donaciones de caridad. Los resultados fueron recogidos en su estudio Spending money on others promotes happiness, publicado en la revista Science.

Las dos primeras categorías las consideraron "gastos personales", las otras dos, "gastos prosociales". Las personas que dedicaban más dinero a los gastos prosociales, una vez cubiertas las necesidades personales, eran más felices.

Beneficios del gasto prosocial que parecen ser interculturales, porque más de 600 estudiantes de universidades en Canadá y Uganda, mostraron un resultado similar en otro experimento hecho por el mismo equipo de investigadores en 2010, junto con expertos de esos países (Prosocial spending and well-being: cross-cultural evidence for a psychological universal).

Estas recompensas emocionales son detectables a nivel neuronal, como estudiaron Harbaugh, Mayr y Burghart en 2007, constatando que estas conductas activan áreas del cerebro típicamente asociadas a la recepción de recompensas.

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