Amor en construcción
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Mentiras matrimoniales

¿Qué hay después de la boda?

¿Cómo es vivir en matrimonio? ¿Cómo es fundar una "familia feliz"? Pregúntaselo a las mujeres casadas. Pregúntales si se parece en algo a lo que predican los cuentos y las películas románticas.

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Pregunta a todas las mujeres casadas qué hay después de la boda, cómo es vivir en pareja, cómo es fundar una “familia feliz”, si se parecía en algo a las películas románticas con las que suspiraba en la adolescencia, si el paso de los años ha destruido el mito romántico con el que creció y con el que soñó tanto tiempo antes de encontrar al hombre de su vida.

Pregunta a las mayores y a las jóvenes, las que han encontrado varias veces al hombre de su vida, las que encontraron a uno solo, pregúntales si merece la pena, si se arrepienten, si son felices, si al encontrar pareja dejaron de sentir el miedo a la soledad, si se han sentido queridas y cuidadas, si el amor de pareja las ha limitado, o si las ha permitido volar y llevar a cabo sus proyectos y sus sueños.

Pregunta todo lo que quieras, y escucha con atención: muchas de ellas te contarán historias tremendas en las que podrás ver cómo las mujeres somos educadas para sufrir.

Sufrimos por amor, para mendigar o exigir amor, para aguantar y sacrificarse por amor, para perder su tiempo y sus energías en la búsqueda de la media naranja y del paraíso romántico.

Algunas de ellas, pese a estar emparejadas o casadas, sueñan con encontrar algún día a su gran amor, otras han tirado la toalla y se han resignado con lo que les ha tocado. Algunas de ellas pensaron en divorciarse, otras ni se lo plantearon, pero todas tienen algo en común: aprendieron que el amor no es tan bonito como se lo contaron.

Fueron felices y comieron perdices

Todos los cuentos de princesas acaban el día de la boda y nos seducen con la idea de que encontrar pareja nos garantizará un futuro lleno de amor, abundancia, felicidad, y que nunca más nos sentiremos solas.

Nos hacen creer que solas no podemos, que estamos incompletas, que nos quedaremos solas y sin nadie que nos quiera, así que somos muchas las que caemos en el mito romántico y somos muchas las que sufrimos a lo largo de nuestras vidas numerosas decepciones.

¿Por qué los cuentos románticos no nos cuentan qué hay después de la boda? Porque para soñar necesitamos futuros idealizados.

La realidad es que el amor no es inagotable, no es perfecto, no dura para siempre, y que la desigualdad entre hombres y mujeres hace que quererse bien sea muy difícil. La rutina, la convivencia, el aburrimiento y los problemas van haciendo mella en todas las relaciones, y la explotación a la que nos vemos sometidas con la doble jornada laboral no ayuda en nada.

El amor es una construcción que hay que alimentar todo el tiempo: no es algo mágico que surge y se mantiene puro e intacto con el paso de los años. Y no es fácil quererse en un mundo patriarcal: hay millones de mujeres atrapadas en relaciones en las que no se sienten felices, cuidadas, amadas, y hay también muchas que no se sienten bien tratadas.

El amor no es infinito

Nos han vendido una idea del amor tan idealizada, que cuando nos emparejamos nos sentimos estafadas: el mito del amor romántico es solo eso, un mito, pero tiene un poder enorme sobre muchas mujeres que creen que pueden vivir el amor tal y como lo ven en las películas, un amor puro que sobrevive a cualquier obstáculo.

Creen en un amor que nos hace sentirnos acompañadas, un amor que se fortalece con el paso de los años.

La enorme distancia entre el mito y la realidad nos hace sufrir mucho, porque además lo vivimos como si fuera un problema personal: no hemos tenido suerte, y pensamos que las demás sí.

Y sin embargo es un problema social: hay millones de mujeres que sufren por amor, que no están disfrutando sus relaciones de pareja, y que están aguantando en relaciones en las que no les tratan bien porque se sienten atrapadas bajo el peso de la hipoteca, la familia feliz, el qué dirán, y el miedo a la soledad.

El mito de la familia feliz

La familia feliz es otro mito dentro del mito romántico: tampoco existen las familias perfectas, y basta con echar un vistazo a los niveles de maltrato que sufen las mujeres, las niñas y los niños, y los animales domésticos.

En todos los hogares hay problemas, relaciones difíciles, peleas, luchas de poder y conflictos que nos cuesta mucho resolver: los seres humanos tenemos relaciones muy complejas y no tenemos apenas herramientas para manejar nuestras emociones y para que no nos hagan daño, ni a nosotras ni a nuestros seres queridos.

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Nos hacemos daño, y nuestras relaciones no siempre están basadas en el respeto, el buen trato y el amor: las familias se rompen, se dispersan, se vuelven a unir, y nunca son como las de las películas.

Viviríamos más felices sin idealizar tanto el amor romántico y la familia feliz.

No nos va a salvar de nada, no va a solucionar nuestros problemas, y no va a funcionar por sí solo.

El amor se construye día a día (y dura lo que dura): no nos quedemos atrapadas en parejas en las que no es posible quererse bien, no nos resignemos con lo que nos ha tocado, no perdamos el tiempo y la energía soñando con la media naranja que no llega.

Sin limitarnos a la pareja, y sin mitificar el amor romántico, somos nosotras las que tenemos que buscar la felicidad y llenar de amor nuestras vidas.

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