Dudas

¿Me caso o no me caso? Piénsatelo muy bien

Hace un año planeasteis la boda y se va acercando el momento pero de pronto te das cuenta de que tienes muchas dudas y crees que no puedes echarte atrás porque ya están en marcha los preparativos. ¿Qué hacer cuando no lo tienes claro y se acerca la fecha?

El compromiso de juntarse para compartir la vida con alguien el tiempo que dure el amor, el casarse, es un gran paso para muchos y muchas de nosotras, porque a veces supone el final de una etapa de nuestras vidas y el inicio de otra.

Generalmente las parejas anuncian su intención de formalizar la relación un año antes de casarse y en ese periodo de tiempo hasta que se celebra la boda pueden pasar muchas cosas. Puede pasar, por ejemplo, que uno de los dos miembros de la pareja se eche para atrás o dude sobre si le apetece realmente casarse, o no.

Cuando esto le ocurre a una mujer, la presión social que sufre es fuertísima. Se supone que cuando alguien da un paso así es porque está muy segura de lo que hace y no se entiende que un amor verdadero pueda terminarse de un día para otro, porque seguimos creyendo que es eterno.

Analiza si realmente quieres casarte

A los humanos nos encanta celebrar los cambios de etapa vital con rituales y ceremonias y, generalmente, cuando nos emparejamos celebramos una boda porque es una gran fiesta para hacer esa transición con nuestra gente más querida.

La boda es una de las fiestas que más disfrutamos socialmente: juntarnos para comer y bailar alrededor de una pareja joven que se quiere y que quieren iniciar una vida juntos es un motivo de alegría. La unión amorosa de una pareja nos pone muy felices y optimistas y nos volcamos en dar nuestras bendiciones y desearles lo mejor.

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Pero, ¿qué pasa si antes de este evento nos damos cuenta de que el amor se te está acabando? ¿Y si de pronto has descubierto que hay cosas que no te gustan de él o has detectado que arrastra problemas que te pueden hacer sufrir mucho?

Entonces te sobreviene la sensación de que es mejor no casarse porque no vas a ser feliz en la relación. ¿Cuántas mujeres se han visto en esa situación? ¿Cuántas han seguido con el proyecto y se han casado sin ganas?

A lo largo de la historia, muchas mujeres han desoído esa voz interior que les decía que era mejor no casarse. Y a nosotras, mujeres de hoy en día, nos sigue pasando.

La culpa nos impide dar marcha atrás

¿Por qué seguimos dudando de nuestro derecho a pararlo todo? ¿Por qué no decimos que no y rompemos el compromiso?

El principal problema es que a las mujeres nos invade un sentimiento de culpa cuando tomamos decisiones que nos beneficien a nosotras mismas. Y ocurre porque nos educan para que estemos pendientes de las necesidades de los demás y para que las antepongamos a las nuestras.

Nos inculcan una vocación de servicio al prójimo que nos hace sentir egoístas cuando queremos hacer cambios, cuando no queremos cumplir con las expectativas que recaen sobre el rol pasivo de las mujeres.

Es muy difícil romper con esas expectativas y esos mandatos de género pero, ante una boda, es fundamental tener claro todo el tiempo que de la misma forma que nuestra pareja puede echarse atrás por cualquier razón, nosotras también podemos.

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Una cuestión de libertad y de sensatez

No es solo que somos seres libres con capacidad para cambiar y evolucionar sino que, además, es muy importante ser honesta con una misma, con la pareja, y con los demás: lo más sensato siempre es parar el proyecto nupcial si sentimos que no hay condiciones para disfrutar del amor.

No importa si en un momento de ardor pensaste que podía funcionar: lo importante es que no te metas en un matrimonio en el que crees que no vas a poder dar y recibir amor. Porque no hay nada peor que vivir en pareja por complacer a los demás (al novio, a los padres, a los suegros, a los cuñados, a los amigos…)

Tanto si eres tú la que te desenamoras, como si es tu pareja, ambos sois seres adultos con capacidad para comunicaros, para negociar, para trabajar juntos por la pareja o para abandonar el proyecto si hay, por ejemplo, terceras personas, y si no se puede disfrutar del amor.

No solo está en juego tu felicidad, sino también la de tu pareja.

Que alguien se case contigo sin querer casarse es súper doloroso. Así que parar una boda no es tanto un acto de egoísmo como de generosidad: yo no te puedo amar como te mereces, prefiero que vueles libre y encuentres a alguien con quien puedas ser feliz.

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Piensa que tienes derecho a juntarte y a separarte cuando desees y piensa que no se puede amar desde otro sitio que no sea desde la libertad: no te cases si no lo ves claro, si no puedes dar lo mejor de ti, si la otra persona no sabe cuidarte, si la relación se deteriora antes de la boda.

Eres libre todo el tiempo: el último minuto antes de casarte y el primero. Si no lo ves claro, cuéntaselo a tu gente, comparte tu problema, pide opiniones y escucha tu corazón para saber qué es lo que realmente quieres. Y cuéntale a tu pareja como te sientes, para que sepa que algo está ocurriendo y que quizás toca cambiar de planes.

Si dudas mucho, no te cases: ahórratelo. Recuerda todo el tiempo que tu familia y tu gente lo que quiere no es verte casada, sino verte feliz, con o sin pareja.

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