Amor en construcción
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Dieta vs amor

¿De verdad tenemos que ser top models para que nos amen?

Nos tienen jodidas a todas, en guerra constante contra los michelines, la celulitis, la barriga... porque nos dicen que los cuerpos perfectos son los que encuentran el amor. Ya. ¿Seguro?

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Fijaos en la publicidad y en el mensaje subliminal que nos lanzan detrás de todos los anuncios que vemos en revistas, vallas publicitarias, marquesinas de autobuses, periódicos, audios de radio, spots televisivos: si no eres guapa no te van a querer y te vas a quedar sola.

Y al revés; si cumples con los estándares de belleza, se van a enamorar de ti y vas a estar siempre acompañada.

Recuerdo un anuncio de hace mil años en el que una modelo espectacular nos estaba vendiendo unas barritas energéticas saciante. Ella sola en un primer plano. Después de hablarnos de las bondades de la barrita y sus espectaculares resultados, el plano se abría: a su lado, un hombre guapo la cogía de la cintura.

Ambos salían de una pedazo de casa a reunirse con sus hijos y el perro en el jardín. Una forma muy sutil de decirnos: si te sacrificas, podrás tener al amor de tu vida y formar una familia feliz. Y vamos nosotras y, claro, nos lo creemos.

Pues no, las dietas no traen el amor eterno

Los anuncios van directos a lo que saben que deseamos muchas mujeres: ser amadas, estar acompañadas, encontrar a la media naranja, tener casa, coche e hijos, vivir felices y comer perdices.

Entonces hay que disociar esta idea de que a las mujeres guapas les va muy bien en el amor y pueden construir su propia familia feliz, porque no es cierto.

Coged cualquier revista del corazón. Están plagadas de mujeres guapas que se casan y se divorcian a los pocos meses y años.

Mujeres espectaculares, jóvenes, sexys, deseadas por muchos hombres y amadas por su príncipe azul que de un día para otro descubren una infidelidad, o se dan cuenta de que se han juntado a un maltratador o un adicto, o se decepcionan del amor, o decepcionan a su pareja, o simplemente se les acaba el amor como a cualquier mortal.

También las hay que salen en la revista para decir lo felices que son solas después de pasarlo fatal durante años.

Esto nos da una idea clara del asunto: a las guapas no las quieren más. Puede que despierten el deseo sexual de muchos hombres, pero que uno o varios de ellos te deseen, no te garantiza en absoluto, de ninguna manera, que vayan a enamorarse de ti.

Ni siquiera follando pueden llegar a enamorarse: el deseo no siempre desemboca en amor. De hecho, no es lo más común: la gente folla y nadie encuentra a su media naranja.

Dejemos de creer en lo que nos venden

Enamorarse no tiene que ver con la belleza, porque entonces no habría apenas parejas en el mundo. Son muy pocas las personas que cumplen con los estándares de belleza patriarcal: el resto de los mortales tenemos defectos y somos imperfectos.

Y si nos comparamos con las top models y las actrices de moda, es fácil sentirnos bajitas o demasiado altas, gordas, viejas, peludas, con la nariz demasiado grande o las orejas demasiado pequeñas, con las piernas muy cortas o las caderas muy anchas, con las cejas poco pobladas o demasiado pobladas…

Compararnos con las guapas puede resultar muy doloroso, y poco útil, la verdad. Porque no nos sirve para nada.

Así que creo que hay que desmontar esa amenaza con la que nos tienen tan jodidas a todas, odiando nuestro cuerpo, en guerra constante contra las arrugas, los michelines, la celulitis, la barriga, las verrugas, los lunares, o el tamaño de ciertas partes de nuestro cuerpo.

Cuídemonos, sí, pero sin torturarnos

Es cierto que las mujeres guapas y delgadas obtienen trabajo más fácilmente que las mujeres que no cumplen con las normas de la tiranía de la belleza, es cierto que vivimos en una sociedad en la que estar guapa es importante para tener éxito social.

Cada cual utiliza su capital erótico para conseguir lo que necesita/quiere/desea, y a veces lo explotamos al máximo para sobrevivir en una cultura en la que la imagen y el sexo se han convertido en una obsesión.

Pero también es cierto que no necesitamos que miles de hombres nos admiren, ni que el resto de las mujeres nos envidien. No sirve para nada entrar en un bar yque todo el mundo se quede prendado de tus encantos: no te da más amor ser sexy, y además dura muy poco el tiempo en el que somos deseables, así que la batalla la vamos a perder tarde o temprano.

¿Para qué esforzarnos en ser o en estar guapas?

En la medida en que nos cuidamos el cuerpo y la salud, nos sentimos mejor. Por eso precisamente deberíamos evitar las auto torturas de la depilación a la cera, las cirugías, las dietas horribles o las sesiones machacándote en el gimnasio.

Porque cuidarnos implica, en primer lugar, darnos placer, disfrutar con la comida, evitar el sufrimiento, descartar el sacrificio en pos de un paraíso que no existe, liberarnos del qué dirán y del miedo a no ser amadas y querernos mucho a nosotras mismas.

La belleza irradia en ti cuando sientes esa alegría de vivir tan contagiosa. Y lo sabes porque tú te enamoras también de la gente que se quiere a sí misma y que disfruta de la vida, sin importarte demasiado su aspecto físico.

Nos tienen muy atadas a todas con la amenaza de vivir sin amor si somos feas pero si miráis a las parejas en la calle os daréis cuenta de que esto no es cierto. Ligan más las guapas, pero las feas también tenemos pareja, también despertamos deseo, también somos queridas y cuidadas por los demás.

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