Miedo afectivo

El nuevo miedo al compromiso es emocional

Antiguamente el miedo al compromiso era sobre todo masculino porque el matrimonio era sinónimo de poca libertad. Hoy hombres y mujeres lo que tienen es miedo a vincularse emocionalmente.

Antiguamente, la gente que tenía miedo al compromiso, sufría en realidad miedo a atarse a una persona toda la vida. Y cuando digo “gente”, en realidad me refiero a los hombres que querían retrasar su entrada al mundo de los adultos para poder seguir disfrutando de su libertad de soltero.

Hoy en día, miedo al compromiso, a estar en pareja, ya no significa rechazar la idea de encadenarse a alguien hasta que la muerte les separe. Es más bien un miedo a sentir, a vincularse emocionalmente con otra persona, a vivir el amor bajo la responsabilidad afectiva.

El miedo al compromiso no es nuevo

Antiguamente, a los hombres se les educaba para que valorasen y defendiesen su libertad. Los jóvenes sentían que el matrimonio era una cárcel en la que se verían obligados a trabajar por su papel de principal proveedor de ingresos y de cabeza de la familia.

A los hombres que no les gustaban los niños, les resultaba terriblemente pesado llegar a una casa llena de criaturas que gritan, se pelean, lloran, se suben a los muebles o pintan las paredes. Generalmente se encontraban a su compañera sobrepasada por el trabajo doméstico y la crianza de varios chiquillos, y por eso muchos se escapaban al bar o al burdel en cuanto podían, lo que generaba aún más frustración y cabreo en las mujeres.

A las mujeres se las educaba para el matrimonio: se les convencía que era la gran meta a la que podían aspirar para tener ingresos y posición social a través del mito del amor romántico.

Gracias a las novelas que devoraban, la mayoría soñaba con con encontrar como pareja a un buen hombre con el que construir una hermosa historia de amor y una familia feliz, y luego se encontraban con hombres que huían del hogar, la mayor parte descomprometidos, egoístas y machistas.

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¿Por qué necesitamos compromiso las mujeres?

Si ellos accedían a casarse era sobre todo por un tema de presión social: un adulto era un señor capaz de mantener a su propia pareja y familia, de dominar a su mujer, de ejercer su autoridad sobre sus hijos e hijas. También entraban en el matrimonio seducidos por la idea de vivir como reyes en su propia casa, de obtener los mismos cuidados que les brindaban sus mamás, y de tener servicio propio como cualquier tirano.

Ellos querían una criada que trabajase gratis y les cubriese todas sus necesidades, y ellas anhelaban vivir con un compañero solidario, amoroso, responsable, honesto, fiel, trabajador, cuidador, noble, dulce y valiente como un príncipe azul. La aspiración de ellos era tener una vida estable y un freno de mano para dejar la vida de excesos o el mal camino, la de ellas era encontrar a la media naranja para quererse y cuidarse mutuamente, para criar niños y niñas y para envejecer juntos.

El miedo a estar en pareja ahora es afectivo

Del pasado queda aún en los hombres el miedo a dejar de ser uno mismo, el miedo a ser un calzonazos, el miedo a verse dominado por sus propios sentimientos, el miedo a perder la libertad, el miedo a que te rompan el corazón.

Las mujeres sentimos también ahora este miedo a comprometernos afectivamente porque hemos empezado a valorar nuestra libertad, nuestros propios proyectos vitales y profesionales, nuestras pasiones, nuestros sueños.

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La pareja moderna de hoy en día responde a un modelo en el que dos personas comparten muchas cosas de la vida, pero no todas. Hoy en la pareja se entiende que lo normal es que estando en pareja cada cual pueda disfrutar de sus pasiones, y de sus redes afectivas y sociales. Se asume que todos necesitamos tiempo y espacios propios o compartidos con otras personas que forman parte de nuestra vida.

En la actualidad, se supone que el matrimonio heterosexual es una forma de compartir la vida que no implica renunciar a tu libertad, porque ahora creemos que la pareja está formada por dos personas libres y autónomas que se juntan para disfrutar del amor.

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Gracias al feminismo, hemos logrado desmontar el mito de que las mujeres nacimos para cuidar y sacrificarnos, renunciar, y aguantar. Así que si hoy hablamos de compromiso, no es para encadenarnos a una relación que no nos haga felices, sino para juntarnos a alguien que tenga las mismas ganas de nutrir y alimentar la relación que tú.

El compromiso es ahora afectivo: se trata de la energía que quieres ponerle a una relación basada en la confianza y en los cuidados. El compromiso no te obliga a permanecer en una relación más allá del tiempo que te duren las ganas y el amor. Es una forma de apostar por tu relación, de construirla en pareja desde el placer, el cariño, la ternura y los cuidados.

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