Primero eres tú

Qué hacer si nuestra pareja sufre una adicción

Cuando estamos en pareja, solemos asumir que los problemas de nuestro amado son nuestros y nos lanzamos a buscar soluciones para ayudarla. ¿Qué podemos hacer si su problema es una adicción?

Cuando nuestra pareja sufre algún tipo de adicción nos obsesiona buscar formas de ayudarle, aunque en muchas ocasiones no podemos hacer nada.

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Alcoholismo, drogas ilegales o legales, apuestas y juegos... Si él tiene problemas de adicción solo él puede salir de ahí (pidiendo ayuda profesional o buscando las herramientas para trabajarlo). Sin embargo, lo que sí podemos y debemos hacer es hacer frente a la manera en que nos afecta su problema.

Primero tú, luego tu pareja

No tenemos que poner toda la energía en ver cómo sacamos del pozo profundo en el que se ha metido nuestra pareja: debemos evaluar si nos compensa la relación, si hay condiciones para quererse y ver en qué medida nos afecta.

  • No facilites que siga con su estilo de vida. A menudo las adicciones traen consigo otro problema: las deudas. No sirve de mucho que prestemos dinero constantemente a la persona que tiene problemas con sus finanzas porque con ese apoyo económico puede seguir con su estilo de vida sin necesidad de cambiar.
  • No creas que vas a salvarle solo con amor. Hay que estar muy atentas para no creernos el cuento de la mujer que con amor logra sacar a su pareja del agujero negro en el que se ha metido.
  • No creas que tienes capacidad de cambiarle. No vamos a cambiar a nuestra pareja aunque empleemos toneladas de paciencia y de amor. Tampoco vamos a curar las heridas de la infancia de nuestra pareja, ni tenemos por qué sufrir a causa de sus traumas, sus bloqueos o sus miedos.
  • Entiende que el primer responsable de su bienestar es él mismo. Cada uno de nosotros tenemos que trabajar nuestras cosas: es injusto pedirle a tu pareja que se responsabilice de tu bienestar, tu proceso personal de crecimiento o tu felicidad. Y también es injusto que tú asumas la responsabilidad sobre el bienestar de tu pareja.

Cada cual debe buscarse su terapia sin utilizar a su pareja, cada cual debe rellenar sus vacíos, lidiar con su aburrimiento, sanar sus dolores o trabajar en su depresión.

  • Para cuidar, primero debes cuidarte tú. A las mujeres la culpa nos hace asumir la responsabilidad de cuidar porque hemos sido educadas para eso, pero la realidad es que no podemos cuidar a nadie si no podemos cuidarnos a nosotras mismas. Y tampoco si la otra persona no sabe cuidarse a sí misma: lo más probable es que tampoco sepa cuidarte a ti.
  • Párate a pensar si te compensa. Si tu pareja tiene comportamientos destructivos, lo importante siempre es que valores en qué medida te afecta a ti, si te merece la pena o no, si te va a hacer la vida muy difícil, si va a afectar a tus seres queridos, si te va a quitar la paz interior, si te puede hacer daño amar a alguien que no se quiere a sí mismo.
  • No justifiques nunca la violencia. Si tu pareja tiene problemas con la violencia y la gestión de las emociones, entonces no caigas en la tentación de ayudarlo y toma medidas para protegerte de sus estallidos emocionales y de sus momentos de agresividad: tú no vas a curarlo de un problema que requiere mucho trabajo interno y no puedes garantizar, en esas condiciones, tu salud mental, emocional y física. Cuando un hombre tiene problemas para manejar su ira, su pena, su rabia, su miedo, sus frustraciones o su complejo de inferioridad, es imposible disfrutar del amor y construir una relación libre de violencia y basada en los buenos tratos.

Si se pone violento, lo mejor es no empezar o no seguir la relación, simplemente porque tu vida puede estar en peligro.

  • El límite es tu bienestar. Podemos escuchar y acompañar a nuestra pareja pero en ningún caso sufrir las consecuencias de su adicción. Si nos afecta demasiado, hay que ponerle límites a la persona con problemas. Y si nos sigue afectando, alejarnos de ella.
  • No esperes una recompensa. Si quieres ayudarle, hazlo por él. No pienses que después vas a recibir una recompensa por aguantar y apoyar. No te van a amar para siempre a causa del enorme agradecimiento que la otra persona siente por haber sido salvada por ti. No vamos a conseguir el premio por nuestra entrega, abnegación y generosidad extrema.

Sus problemas no son los tuyos

Tenemos que aprender a distinguir cuáles son nuestros problemas (para trabajar en ellos) y cuáles son los de nuestra pareja, para que nos afecten lo menos posible. Porque una cosa es acompañar a alguien que está pasando un mal momento y otra cosa es que sus problemas nos hagan daño y nos lleven a financiar o sostener a nuestro amado a costa de nuestro bolsillo, nuestra salud o nuestro proyecto de vida.

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Lo que queremos nosotras es un compañero, no necesitamos para nada un hombre inmaduro con problemas. Así que en lugar de compadecernos de ellos, lo que tenemos que hacer es tener empatía hacia nosotras, trabajar en nuestros propios problemas y cuidarnos a nosotras mismas.

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