En la consulta

Agorafobia: ¿Por qué salir a la calle puede generar ansiedad?

Cuando sientes que estás en continuo peligro y que cualquier momento puede ser el último, la sensación de incertidumbre es total. Para solucionar la agorafobia debemos aprender a tomar el control de nuestra vida.

Para las personas que sufren agorafobia, el mundo exterior supone un generador continuo de ansiedad. Cuando están fuera de su casa, ya sea en espacios abiertos o en lugares con gran afluencia de personas, viven angustiadas porque se sienten en peligro extremo.

Piensan que, en cualquier momento, les puede suceder algo crítico y que, por cualquier cuestión, no podrán recibir la ayuda necesaria para sobrevivir.

¿Por qué puede generar ansiedad el salir de casa?

Con este enorme sufrimiento transcurrían todos los días de la vida de Pedro, cuando decidió acudir a mi consulta en busca de ayuda para solucionar su problema. Pedro llevaba tiempo experimentando un intenso pavor cada vez que tenía que salir a la calle.

Pensaba que iba a sufrir un nuevo ataque de ansiedad (ya había tenido un par) y que, al no poder recibir ayuda médica, moriría. Había llegado a un punto en el que le costaba mucho salir de casa sin la ayuda de medicación y, de hecho, para poder venir a mi consulta, siempre se tomaba previamente un tranquilizante que le había recetado su psiquiatra.

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Cuando se habla de agorafobia, popularmente, se suele relacionar este término con un problema de miedo a la gente. Sin embargo, éste es un trastorno mucho más amplio y con implicaciones mucho más complejas.

Agorafobia, literalmente, significa “miedo a los espacios abiertos”.

Las personas que la sufren, presentan una gran ansiedad ante situaciones donde resulta difícil escapar o recibir ayuda (medios de transporte, aglomeraciones de gente, edificios grandes, túneles, puentes...). El problema, no se limita a sentir ansiedad cuando se notan rodeadas de mucha gente.

El miedo que les genera la idea de sufrir, fuera de su casa, un ataque de pánico, de ansiedad o cualquier problema físico y fallecer al no haber podido recibir ayuda a tiempo, también les crea a estas personas una angustia y un estrés insoportables

Las personas que sufren agorafobia viven arrastrando una continua sensación de peligro por su vida. Aunque nunca les haya sucedido nada grave, el miedo las va limitando. De forma paulatina, van reduciendo sus salidas y pasando cada vez más tiempo encerradas dentro de casa (el lugar donde se sienten más seguras). A la larga, corren el peligro de desarrollar rasgos depresivos, lo que agrava aún más su malestar.

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Cómo solucionar el problema de la agorafobia

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, en este blog, para poder sanar, no debemos observar únicamente la sintomatología evidente, sino que, para poder desactivarlos, antes debemos comprender el origen de estos miedos.

En su primera sesión Pedro, un joven de unos cuarenta años, me contó que su problema comenzó de forma inesperada y sin motivo aparente. Un día cualquiera, tras una semana de trabajo intenso, decidió ir al cine para despejarse y descansar. Justo cuando estaba a punto de comenzar la película, comenzó a sentir que se le aceleraba el corazón y que le costaba respirar.

Tuvo un ataque de ansiedad tan fuerte que creyó que iba a morir.

En aquellos momentos, Pedro no se daba cuenta, pero llevaba mucho tiempo acumulando estrés en el trabajo. Ante tal cúmulo de tensión, su cuerpo no pudo más y sufrió su primer ataque de ansiedad.

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Transcurridos unos pocos días, el joven sufrió un segundo ataque. Esta vez, en plena calle. Tras este nuevo episodio, en la mente de Pedro creció el miedo a volver a tener un ataque en cualquier otro momento o lugar. Había experimentado, ambas veces, tal sensación de desamparo y descontrol que temía sufrir otra crisis y no poder recibir ayuda de nadie.

El trabajo que hicimos en terapia fue doble.

  • Por un lado, se percató de que había acumulado mucho estrés y que tenía que aprender a frenar y relajarse para no seguir sobrecargando su mente y su cuerpo.
  • Por otra parte, comprendió que su ataque de ansiedad no fue aleatorio, sino que además del estrés, su origen también podía rastrearse en las experiencias complejas que había sufrido de niño.

Desprogramar un miedo que puede venir del pasado

La madre y el padre de Pedro siempre estaban trabajando en la empresa familiar y desde muy pequeño, tuvo que ocuparse de su hermana. Como me comentó Pedro en una de sus sesiones, “el padre de mi hermana era yo”.

Además de su hermana, se ocupaba de tener limpia la casa y de estudiar. En todo el día no tenía un minuto libre para jugar.

Los padres le decían que como ellos estaban muy cansados, su obligación era la de ser un niño bueno y “tenerlo todo controlado”.

Así, el niño asimiló la idea que para sobrevivir, es decir, sentirse amado por sus padres (y de esta forma seguro y protegido por ellos), tenía que tenerlo todo controlado. Ya de adulto, Pedro seguía siendo una persona hiperresponsable. Ahora que dirigía la empresa de la familia, no se permitía casi descanso e incluso, llevaba varios años sin ir de vacaciones para que no se le escapara nada y, así, poder seguir teniéndolo todo bajo control.

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En terapia, Pedro trabajó para desprogramar la idea tan dañina de que necesitaba controlar todo para poder para sobrevivir, para ser merecedor de ser amado y poder, de esta forma, sentirse seguro y a salvo. También, comprendió, que en la vida, no se pueden controlar todas las situaciones. Además, trabajó para aprender a relajarse, a cuidarse a sí mismo y para dejar de sentirse responsable de todo y de todos.

Varios meses después, en una de sus últimas sesiones, me dijo: “He sentido como si me liberara de un peso. Puedo hacer mi vida y puedo atreverme a hacer cosas nuevas aunque no sepa previamente lo que va a suceder”.

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