Efectos negativos

5 alternativas para no gritar a los hijos

Los gritos dañan la salud psicológica y emocional de los niños. Para evitar utilizarlos con tus hijos, te explico porqué son perjudiciales y te doy 5 alternativas sanas.

En nuestra sociedad, el grito sigue estando muy presente en la vida de muchos niños. Ignorando los efectos reales que los gritos producen sobre sus hijos, en muchas familias aún los utilizan como herramienta pedagógica. Sin embargo, desde hace décadas, se sabe que gritar constantemente a los niños resulta muy perjudicial para ellos, tanto, que les puede dejar profundas secuelas psicológicas y emocionales.

Recientes estudios han seguido confirmando el dramático efecto que los gritos tienen en los niños, y no solo en ellos. Se ha comprobado que a los perros que les chillan con frecuencia, los gritos les provocan estrés y altísimos niveles de cortisol, la hormona liberada como respuesta al estrés.

Muchas madres y padres quieren cambiar, pero, en los momentos de máxima tensión en la crianza de sus hijos, sus carencias emocionales se disparan y les impiden controlar el impulso del grito.

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Efectos negativos de gritar a los niños y alternativas

Para que sirva de ayuda y reflexión, en este artículo vamos a ver algunos de los efectos negativos que causan los gritos frecuentes en los niños y, para poder cambiar el modo de comunicarse con los hijos, voy a proponer algunas alternativas saludables.

  • Alarma y estrés continuados

El grito continuado coloca el cerebro de los niños en estado de alarma y puede aumentar la ansiedad y el estrés de los pequeños. Con el tiempo, estos niños acaban entrando en un círculo vicioso de tensión y bloqueo que les afecta en todos los aspectos de su vida. De no poner remedio, arrastrarán esta ansiedad continua de por vida.

Alternativa: Cuando notes que la tensión aumenta y que vas a volver a gritar, pide la ayuda de tu pareja o de algún familiar. Tómate unos minutos de descanso, para calmar la mente. Respira profundamente unas veces y vuelve. Comprobarás que ves la situación de forma diferente.

  • Genera impotencia y frustración

Con la fuerza de sus gritos, los adultos imponen su punto de vista y sus decisiones sobre los niños. Ante esta violencia verbal, los pequeños se sienten tan asustados y amedrentados que no pueden ni defenderse ni opinar.

La suma de muchas situaciones diarias análogas acaba por generar en los niños una enorme sensación de impotencia y una carga de frustración reprimida. Esta ira algunos la guardan dentro de sí, otros acaban descargándola contra los más débiles (un hermano menor, una mascota, un compañero de colegio).

Alternativa: Ante cualquier situación, dialoga y explica tus motivos. Que los niños no perciban la crianza como una imposición de los adultos, sino como una guía en la que están aprendiendo a conocer el mundo en el que van a vivir.

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  • Aprenden a gritar como manera de relacionarse

El maltrato y la falta de respeto se repiten generación tras generación. Si los niños solo reciben gritos, aprenden a relacionarse con los demás solo a base e gritos. De adultos, le gritarán a propios hijos, a sus parejas, a sus compañeros de trabajo.

Alternativa: Recuerda cómo te sentías de pequeña cuando te gritaban y piensa si es eso lo que quieres que tus hijos recuerden de ti.

  • Se convierten en niños con alta sensibilidad

Por lo general, los sentidos de los niños son más sensibles que los de los adultos. A muchos de ellos, los gritos pueden llegar a causarles hasta dolor físico.

Alternativa: Evalúa la distancia a la que estás de tu hijo para adaptar el volumen de tu voz. No es necesario gritar, solo necesitas que te oiga.

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  • Son menos sensibles ante situaciones de peligro

Evolutivamente, el grito era la forma que tenían nuestros antepasados para avisarse de un posible peligro. Si se utiliza el grito de forma indiscriminada con ellos, los niños pueden llegar a insensibilizarse y dejar de prestarle atención.

Después, cuando esté ante alguna situación de verdadero peligro y sea necesario, desde la distancia, avisarles con un grito, habrá menos probabilidades de que se sienta alarmado y atienda a las palabras de sus padres.

Alternativa: Reduce los gritos al mínimo, para que los pequeños entiendan que, si alguna vez gritas, es por un motivo verdaderamente importante.

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