Decir "no"

Necesitamos liberarnos de las amistades tóxicas

Cuando nuestros amigos no nos respetan, sentimos angustia e impotencia. Tenemos que aprender a reaccionar para poder parar estos abusos.

En la consulta es un podcast de Ramón Soler para la revista Mentesana. Escúchalo y compártelo.

No todas las relaciones de amistad son convenientes. Algunas resultan tóxicas y generan sensación de impotencia y angustia. Ocurre en las relaciones donde se produce un abuso: una persona exige a la otra su lealtad pero después no responde del mismo modo. No es una relación equilibrada ni sana.

¿Por qué la persona abusada suele sacrificarse por la otra tratando de agradarle y complacerle en todo sin cuestionarse si se lo merece? Probablemente porque durante su infancia le enseñaron que el amor tiene condiciones. Cuando los padres dicen "si no te portas bien, me enfadaré", en realidad, el niño entiende que si no hay sacrificio no hay amor. Esto crea patrones de sometimiento que a veces se reflejan en las amistades.

Para liberarnos de este tipo de amistades tóxicas, que están a nuestro lado por conveniencia, debemos empoderarnos y conectar con nuestros deseos.

El caso de Adela y cómo logró deshacerse de sus amigos tóxicos

Adela estaba a punto de terminar su terapia, se sentía fuerte, segura (precisamente superar su inseguridad fue unos de los motivos que la animaron a seguir un proceso terapéutico) y por fin se sentía capaz de defenderse de amigos tóxicos y de alzar su voz ante sus abusos.

En su penúltima sesión, me contó una anécdota que le había sucedido esa misma semana que le había servido para comprender hasta qué punto había superado sus miedos e inseguridades. Como me dijo, por fin había podido hablar siendo ella misma, respetando sus emociones y sentimientos y no sólo los de los demás.

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Amistad sin exigencias

Según me comentó Adela, hacía tres días había quedado para comer con una amiga por la que sentía mucho aprecio. Hablaban mucho por whatsapp, casi a diario, y también compartían aficiones y amistades en común. Incluso, hacía algún tiempo, Adela la había ayudado a encontrarle trabajo en la empresa de un amigo.

Adela fue dispuesta a pasar un buen rato de charla con su amiga y con lo que se topó fue con un atropello tras otro. Para empezar, la amiga le dio más de una hora de plantón. Después, durante la comida, monopolizó la conversación centrándola enteramente en ella y, si Adela quería hablarle de un problema suyo para que le diera su opinión, en dos palabras despachaba el asunto y volvía a sus propios temas (algo que también pensó Adela que le ocurría cuando chateaban por whatsapp).

Por último, y no era la primera vez que le ocurría con esta persona, al final de la comida, al llegar la cuenta, se hizo durante un buen rato la remolona para acabar diciéndole que se había olvidado la cartera y que si le podía prestar el dinero, que la próxima vez que se vieran se lo devolvería.

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Adela, en un primer momento, sintió el impulso de volver a pagar ella la comida, pero, de repente, notó cómo el enfado (por fin podía sentir enfado) recorría todo su cuerpo y tomando las riendas de la situación, le dijo que no, que si no llevaba dinero, fuera a buscarlo (vivía cerca del restaurante), pagara por móvil o buscara cualquier solución.

Adela se sintió fuerte, segura, comprendió que durante años, la amiga había estado abusando de su bondad, de su conformidad, de su debilidad para enfrentarse a las demás personas.

-Ramón, -me dijo Adela- me sentí liberada, ya no tengo que ser buena y obediente como me decían mis padres todos los días. Ramón, ya no tengo que aguantar todo, no tengo que dejarme pisotear y callarme ¡por fin he recuperado mi personalidad y puedo decidir por mi misma!

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¿Estás cuidando a tus amigos como deberías?

»Yo también importo, mis sentimientos, mis problemas, mis recursos, son míos, no de los demás. Si esta chica hubiera sido de verdad mi amiga la relación habría tenido que ser equilibrada y no lo era. Jamás me escuchaba o me servía de apoyo, al intentar que sólo yo pagara la comida, no le preocupó que últimamente he estado escasa de fondos y desde luego, de haber querido, podría haber llegado perfectamente a tiempo a la cita y no una hora después.

»¡Fuera abusonas! -exclamó con toda su fuerza Adela al final de aquella sesión.

Una necesaria liberación

Al igual que Adela, podemos y debemos liberarnos de amigas y amigos que abusan de nuestra buena voluntad, que abusan de nuestra amistad. Buscar en nuestro pasado los motivos de nuestra sumisión, trabajar para anular estos patrones que nos impiden defendernos y recuperar nuestra voz, nuestras propias decisiones, son pasos imprescindibles para recuperar nuestra libertad.

La amistad es muy importante para nuestras vidas, pero no todas las personas que nos rodean son amigos reales, en los que se pueda confiar y compartir con ellos nuestras vidas.

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