Hablemos de ello

Quiénes tienen más riesgo de suicidio y cómo ayudar a prevenirlo

La muerte de Verónica Forqué ha devuelto el protagonismo en los medios a uno de los temas de salud mental más olvidados: el suicidido. Podemos ayudar a las personas en crisis comenzando a visibilizar y hablar sobre este gran tabú de nuestra sociedad.

Ramón Soler
Ramón Soler

Psicólogo

La noticia de la muerte de la actriz Vernónica Forqué como consecuencia de un suicidio ha vuelto a poner sobre la mesa el tema de la salud mental y ha abierto nuevos interrogantes que siguen aflorando por culpa de los mitos y prejuicios que todavía rodean el tema del suididio.

El suicidio es un tema tabú del que nadie parece querer hablar, pero que afecta a miles de personas cada año. Por ejemplo, ¿sabías que, en 2019, las cifras de muertes por suicidio triplicaron a las causadas por accidentes de tráfico? Sin embargo, las instituciones se gastan millones de euros en campañas para la prevención de accidentes, pero no existe un apoyo eficiente para la prevención del suicidio. Es como si no existiera.

Se trata de una realidad al alza por la pandemia por Covid. Y es que la crisis sanitario-económica que conlleva ha aumentado exponencialmente los factores de riesgo de suicidio. De hecho, el aumento de los suicidios puede ser, según los expertos, una de las terribles secuelas de esta pandemia y, sin embargo, no se está siendo tenido en cuenta.

Es necesario poner el suicidio encima de la mesa, visibilizarlo, hablar de ello y buscar estrategias de prevención y ayuda. Seguro que, de esta manera, entre todos, podemos ayudar a salvar vidas.

¿Por qué sigue siendo un tema tabú? ¿De qué manera hablar más abiertamente en los medios sobre el suicidio podría ayudar a prevenir el suicidio? ¿Podemos ayudar de algún modo a prevenir el suicidio? Lo cierto es que sí podemos hacer mucho para prevenirlo.

Cómo ayudar a prevenir el suicidio

Desde las instituciones, hasta a nivel personal, con nuestros familiares o conocidos, todos podemos ayudar a prevenir el suicidio de las personas en riesgo. Estas son algunas ideas sobre las que reflexionar.

  • Hablar sobre el tema

Si el suicidio deja de ser tabú y hablamos de ello, tanto en los medios de comunicación como en la conversaciones con amigos, seremos capaces de hacerlo visible. Esta es la mejor manera de normalizarlo y de que, quien lo necesite, se anime a buscar ayuda.

  • Reclamar más apoyo sanitario

Son necesarios muchos más medios y formación para psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y demás personal que pueda tener contacto con personas en riesgo de suicidio.

  • Fomentar el contacto

Somos seres sociales y necesitamos el apoyo del grupo. Las situaciones de aislamiento son especialmente peligrosas para personas sensibles. Es necesario propiciar el contacto social, a pesar del distanciamiento físico, mediante el aumento de las llamadas y las videoconferencias con personas en riesgo.

  • Tener pequeños detalles

Aunque nos parezca que no tiene importancia, apoyar a las personas en situaciones límite con pequeñas muestras de contacto y de cariño, resulta de una gran ayuda. Un pequeño regalo, una charla, ayudar con la colada o con la comida, puede servirles para recuperar la ilusión. Reforzar el contacto social y sentir la mirada de otro ser humano puede marcar la diferencia entre la vida o la muerte.

¿Qué factores aumentan el riesgo de suicidio?

Todos estos factores aumentan el sentimiento de angustia y pueden llevar a la persona a tomar la decisión de terminar con su vida.

  • Problemas psicológicos o emocionales previos. Las personas con antecedentes de problemas psicológicos, en circunstancias como las actuales, son mucho más vulnerables. Con el avance de la crisis, estamos viviendo aumento de la ansiedad, la depresión o el estrés, factores que aumentan el sufrimiento. A medio plazo, estos problemas se irán agravando y comenzaremos a presenciar un dramático aumento de las cifras de suicidio.
  • Crisis sanitario/económica. Muchas personas están viviendo inestabilidad laboral y ven peligrar su sustento económico. Esto aumenta el estrés y la posibilidad de caer en depresión o adicciones.
  • Aislamiento. El distanciamiento social y las limitaciones en la movilidad son necesarias para controlar la pandemia, pero conllevan un precio psicológico muy alto. Muchas personas están viviendo solas esta crisis, separadas de sus seres queridos, esto hace que aumente el sentimiento de soledad y desamparo.
  • Pérdidas y duelos. Vivir de cerca la muerte, en condiciones tan dramáticas como sucede con la Covid, y sin tener la oportunidad de despedirse de sus familiares, implica que el duelo sea mucho más doloroso y añade más angustia a toda la situación.

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¿Qué personas tienen más riesgo?

Los principales grupos de riesgo son:

  • Profesionales de la salud: Sometidos a un estrés prolongado, son un colectivo especialmente vulnerable.
  • Jóvenes: Se está detectando un aumento de las consultas psicológicas por estrés y depresión.
  • Afectados por la crisis económica: Ven tambalearse su sustento económico y su seguridad.
  • Hombres: Casi el 80% de los suicidas son hombres.

Cómo detectar los casos de riesgo

Se ha comprobado que existen algunas señales previas comunes a personas que comenten suicidio. Esto no significa que quien cumpla alguna de estas características termine suicidándose, pero sí, que debemos prestar especial atención para no descuidar a las personas en riesgo.

Estos puntos deben ser tomados como signos de advertencia. Se le debe prestar especial cuidado a las personas que presentan varios de estos signos. Si detectas estas señales en algún conocido o en ti mismo, es importante buscar ayuda profesional inmediatamente.

  • Vacío y desesperanza. A estas personas les invade, de continuo, un enorme sentimiento de vacío y desesperanza. No albergan esperanza, no pueden pensar que su situación va a mejorar. También pueden estar atravesando una época de gran dolor (físico o emocional).
  • Deseos de morir. Si la persona manifiesta deseos de morir o no muestra ilusión por vivir, debemos prestar atención a estas palabras y no restarle importancia, especialmente, si habla sobre la posibilidad de morir o ya está investigando distintas formas de llevar su propósito a cabo.
  • Comportamiento atípico. Realizar conductas arriesgadas poco propias de la persona como conducir de forma temeraria, consumir drogas o alcohol, pueden ser señales a tener en cuenta.

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