Amor propio

La clave para recuperar tu autoestima: quiérete

No haber recibido cariño por parte de nuestros familiares durante la infancia puede afectar a nuestra autoestima. Para sanarnos, nosotros mismos podemos ser la persona que nos proporcione este amor incondicional.

Clara, como otras muchas personas que acuden a terapia, tenía muy baja autoestima. Se había pasado toda la vida comparándose con los demás, valorando todo lo bueno de los otros muy por encima de sus propias cualidades y capacidades.

El plano sentimental era el ámbito en el que más sufría esta falta de autoestima. Clara no se sentía merecedora del cariño de los demás. De hecho, cuando algún hombre la halagaba o mostraba interés, pensaba que no iba en serio. Le parecía que se estaban mofando o, si el chico insistía mucho y mostraba verdadero interés, llegaba a pensar que era tonto por fijarse en ella. Paralizada, incapaz de defenderse, todas las parejas que había tenido se habían aprovechado y abusado de ella.

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Cuando acudió a mi consulta, Clara tenía cerca de 60 años y se había resignado a vivir sola, sin nadie con quien compartir su vida. En una de sus primeras sesiones, me dijo: “nunca nadie me ha querido y nadie lo hará”.

Revertir las carencias emocionales

Efectivamente, Clara no recordaba un momento de su vida en el que se hubiera sentido amada. En su casa, había sufrido el desprecio de sus padres, que, con apenas dos años, la habían enviado a vivir con su abuela paterna, una mujer muy estricta que jamás le había dado un beso o un abrazo. Varios años después, cuando la abuela falleció, sus padres la recogieron y la llevaron a vivir con ellos y con sus hermanos. Clara no recordaba haber recibido muestras de cariño por parte de su madre o su padre. Siempre la habían inducido a sentirse como una carga para ellos.

El cariño de la familia resulta imprescindible para disfrutar de una vida emocional equilibrada y sana. Al igual que una planta, que no obtiene todos los nutrientes y el agua que necesita, no crece y se marchita (o se queda diminuta), las niñas y los niños necesitan sentirse amados y protegidos para poder crecer, desarrollarse y alcanzar todo su potencial.

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A pesar del paso de los años, las secuelas emocionales de estas carencias –como la baja autoestima– siguen presentes mucho tiempo después. En nuestra sociedad, millones de personas sufren las consecuencias de esta ausencia de amor en la infancia.

Por fortuna para todas estas personas, siempre podemos revertir el daño causados por las carencias emocionales. Aunque no hayamos sido amados y apoyados en la infancia, aún estamos a tiempo de sanar los traumas del pasado.

La única persona que te puede ayudar

Por supuesto, resulta imposible volver atrás en el tiempo para recuperar este amor que no nos dieron y, con toda probabilidad, en el presente, los familiares de nuestra infancia, que nos hicieron daño y fueron tóxicos para nosotros, siguen comportándose de igual forma. Sin embargo, sí que existe una persona que puede ayudarnos a sanar las heridas del pasado y recuperar la autoestima perdida: nosotros mismos.

Hoy en día, ya como adultos, necesitamos volver a conectar con nosotros mismos y convertirnos en nuestra principal figura de apego. Tenemos que devenir esa persona que, en cualquier situación, nos ofrece un amor incondicional y que sabemos con certeza que jamás nos va a fallar.

El esfuerzo que cada persona pone en su terapia, el tiempo que invierte en sus sesiones y todo el trabajo que realiza en casa, configuran un entorno de amor y de autocuidado que va compensando positivamente todas las carencias del pasado.

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Después de toda una vida de amargura esperando que alguien acuda a consolarnos, descubrir que uno mismo puede ser autor de su propia sanación resulta realmente transformador. Cuando comenzamos a trabajar en terapia, desde este punto de vista, la persona deja de mirar hacia fuera, deja de prestar atención a los comentarios y las opiniones de los demás, para centrarse en sí misma y en lo que, de verdad, desea.

Volviendo al caso de Clara, recuerdo cómo en una de sus sesiones, imaginó que volvía a uno de esos momentos en los que se había sentido tan sola y abandonada cuando era pequeña. Ella misma, sin ayuda de nada ni nadie, “rescató” simbólicamente a la niña. Desde ese momento, Clara decidió, pasara lo que pasara, no volver a abandonarse jamás.

Clara se prometió comenzar a cuidar de sí misma y no permitir, nunca más, que nadie le hiciera daño.

A partir de entonces, su autoestima resurgió. Por primera vez en mucho tiempo, comenzó a cuidarse y a poner sus necesidades por delante de las peticiones abusivas de los demás. Pasó del “nadie me va a querer” al “ quien quiera estar conmigo, debe aceptarme tal y como soy”.

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