TOC

Manías y obsesiones: cómo liberarnos de ellas

Las manías y obsesiones pueden llegar a condicionar gravemente la vida de las personas. Para liberarnos de su dominio tenemos que aprender a relativizarlo todo.

Muchas de las personas que acuden a una consulta psicológica llegan desesperadas por no poder dominar pensamientos o actitudes obsesivas que controlan sus vidas. Aprender a relativizar, trabajar la flexibilidad y rebajar el nivel de exigencia son las claves para dejar de estar gobernados por esta parte controladora de la mente.

Cuando las manías nos controlan

Daniella era una mujer controlada por sus manías. No llegaba a cumplir los criterios clínicos para ser diagnosticada como TOC (Transtorno Obsesivo Compulsivo), pero, tal en su primera sesión me confesó: “algunas de mis obsesiones ocupan mucho más espacio en mi mente y en mi vida del que desearía”.

Al principio, sus preocupaciones se centraban en pequeños detalles como usar siempre el mismo tenedor o colocar en un cierto orden las pinzas de la ropa. Más adelante, se le sumaron algunas obsesiones más llamativas y su problema se agravó hasta el punto de haber perdido a varias parejas porque no soportaban algunas de sus manías.

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El perfil de las personas obsesivas

Con frecuencia, como en el caso de Daniella, las personas con tendencia a obsesionarse suelen ser muy inteligentes. Poseen una mente muy activa que siempre está ocupada pensando y planificando todos los detalles.

También se da una inclinación hacia el perfeccionismo en personas de gran inteligencia o Altas Capacidades.

Desde pequeños, estos niños y niñas, para sentirse seguros y controlar su nivel de ansiedad, buscan en su vida la simetría y el equilibrio. Por ejemplo, ordenan las pinzas por colores, las coletas tienen que llevarlas a la misma altura, tiran un dibujo si no les ha salido perfecto o se frustran muchísimo si no encuentran la última pieza para completar un puzzle.

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Si estos pequeños no tienen un acompañamiento emocional adecuado que les haga sentirse seguros y que les enseñe a manejar su frustración y a relativizar si algo no sale como lo han planeado, pueden radicalizar su búsqueda de la perfección hasta caer en auténticas obsesiones.

Las obsesiones se aprenden y se pueden desaprender

Una de las preocupaciones de Daniella era que su hija de cuatro años estaba imitando algunos de sus comportamientos. Me decía: “Veo cosas en mí que son repeticiones de lo que hacía mi madre. Ahora me estoy dando cuenta de que mi hija es igual de preocupona que yo y no quiero que ella aprenda mis obsesiones. Quiero que ella crezca libre de todo esto”.

La tranquilicé explicándole que las obsesiones no se transmiten genéticamente, sino que se aprenden. Es cierto que existe un componente genético en la inteligencia y que un rasgo frecuente en personas inteligentes es la inclinación a preocuparse en exceso y la búsqueda de la perfección. Pero, la forma, equilibrada o extremista, de sobrellevar estas tendencias se aprende según como funcione el entorno y el modelo familiar. También le aclaré que si las obsesiones se deben a un mal aprendizaje, siempre hay tiempo de desaprenderlas y buscar una manera más sana de relacionarnos con ellas.

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En la educación de estos niños resulta fundamental, además de ofrecerles una poderosa sensación de protección y seguridad, ayudarles a encontrar un equilibrio entre la búsqueda de la excelencia y la realidad, para que no se radicalicen y alimenten las obsesiones.

Por supuesto, esforzarse por dar lo mejor de uno mismo y no conformarse con la mediocridad resulta muy positivo, pero siempre hay que mantener la cordura y el control para que las obsesiones no acaben por dominar la vida.

Cómo aprender a relativizar

En terapia, parte del trabajo se centró en ayudar a Daniella a rebajar su preocupación a unos niveles soportables. Para lograrlo, uno de los aspectos en los que hicimos más hincapié fue el de aprender, tanto a relativizar las situaciones, como a flexibilizar su postura.

Solemos centrarnos en nuestra forma particular de ver las cosas, creyendo que es la única y la mejor, pero tenemos que trabajar para ampliar nuestro campo de visión y considerar otras alternativas. Quizá en estas otras opciones encontremos nuevos aprendizajes interesantes y enriquecedores para nuestra vida.

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Para ayudarla a Daniella a aprender a relativizar y flexibilizar, además el trabajo que realizábamos en terapia, su pareja se implicó en su sanación.

  • Comenzó a “provocarla” con pequeños retos diarios que la empujaban a reflexionar sobre sus manías.
  • Añadía algún nuevo ingrediente a las recetas habituales, cambiaba el orden de los colores de los calcetines en el cajón o modificaba las rutas de sus paseos para ayudar a Daniella a lograr este cambio mental que tanto le costaba.

En su terapia, también nos centramos en bajar el nivel de autoexigenciay de búsqueda de la perfección. No pasa nada si no todo está ordenado y emparejado.

Resulta imposible lograr la perfección, por lo tanto, relajemos nuestra mente y nuestro nivel de autoexigencia.

Poco a poco, con su trabajo en terapia y con la inestimable ayuda de su pareja, Daniella logró ir dejando de lado sus obsesiones para llegar a un nivel más equilibrado en el que era ella la que las controlaba, en lugar de estar dominada por ellas. Evidentemente, prefería seguir comiendo con su tenedor favorito y lo hacía siempre que podía, pero ya no le preocupaba usar otro si el suyo estaba sucio.

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