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Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Memoria

¿Borrarías tus malos recuerdos?

Si te propusieran suprimir tus recuerdos traumáticos tomando una pastilla ¿lo harías? Antes de contestar, recuerda que ningún medicamento es inocuo, todos tienen efectos secundarios.

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En los últimos años, varios equipos de investigación, de diferentes Universidades, están buscando un medicamento que nos permita olvidar los malos recuerdos.

El objetivo de estos neurobiólogos es que las víctimas de accidentes o acciones violentas (atracos, violaciones, atentados) que sufren estrés postraumático, puedan borrar estos sucesos de sus mentes para dejar de sufrir por ellos.

Según estos científicos, tomando una pastilla en el momento adecuado se podría suprimir el recuerdo específico que generó el trauma para que la persona no se mortifique repitiendo el suceso una y otra vez en su cabeza.

Tal y como lo explican los investigadores, la idea de olvidar los recuerdos traumáticos parece ser la panacea para dejar de sufrir, pero, personalmente, las noticias de este tipo me generan gran inquietud al pensar en cómo en nuestra sociedad todo se quiere solucionar a base de medicamentos milagrosos.

Por qué borrar los recueros puede ser perjudicial

En primer lugar, está la cuestión de quién y cómo decide lo que se ha de olvidar. Los recuerdos no son como los archivos de un ordenador, perfectamente definidos y acotados.

Si fuera así, podríamos eliminar un archivo concreto con la seguridad de que no afectará al resto de la información. Sin embargo, la memoria humana trabaja de forma diferente.

  • Los recuerdos están conectados por ciertos elementos comunes que nos ayudan a tener una coherencia general a lo largo de nuestra historia personal.
  • Recordamos (consciente o inconscientemente), por ejemplo, todas las experiencias que hemos tenido con un amigo o con un familiar, y esto nos ayuda a saber qué esperar de él en el futuro.
  • Si suprimiéramos un recuerdo negativo que tuvimos con nuestro padre, ¿cómo podríamos estar seguros de eliminar solo ese suceso y no otras características de la relación con él?

Esto nos lleva a otra cuestión aún más profunda y complicada de resolver. Si no reconocemos y asumimos nuestra historia personal, no aprenderemos de ésta, ni podremos sacar conclusiones que nos ayuden en nuestro futuro y, por lo tanto, será muy probable que volvamos a repetir eternamente los mismos patrones de comportamiento perjudiciales.

Los malos recuerdos a veces pueden advertirnos de peligros

Imaginemos, por ejemplo, un chico que por conducir de forma imprudente tiene un terrible accidente de tráfico en el que fallece un amigo y él casi muere.

Evidentemente, el joven quedará traumatizado por este acontecimiento y sufrirá miedo, angustia y todos los síntomas del estrés postraumático.

Pero si se le borra este recuerdo con la intención de evitarle el sufrimiento, ¿qué sucedería si volviera a conducir de nuevo? ¿volvería a conducir de forma irresponsable? ¿pondría de nuevo a sus acompañantes y a él mismo en peligro?

Es mejor afrontar un mal recuerdo que obviarlo

Evidentemente, las personas que sufren estrés postraumático necesitan una enorme ayuda para salir del bucle negativo en el que se encuentran y poder seguir con sus vidas, pero la solución no pasa por suprimirles sus recuerdos, sino por ayudarles a asumir y superar lo sucedido.

Hace ya bastantes años, recibí una llamada que me causó un fuerte impacto. Aún la recuerdo vivamente y he creído oportuno traerla a este espacio para compartirla con vosotros.

Se trataba de una mujer mayor que buscaba a alguien que hiciera hipnosis para que “la durmiera y le borrara de la cabeza a su marido”. Le pregunté cuántos años habían vivido juntos y me respondió que 35.

Le expliqué que la terapia no funcionaba haciéndole olvidar 35 años de su vida, sino que la ayudaría a comprender, trabajar, superar y sanar los traumas y daños emocionales recibidos.

Solo entonces, en lo que supondría un nuevo punto de partida, podría recomponer su vida para gestionarla por ella misma y evitar repetir aquellos patrones de comportamiento que la perjudicaron en su pasado.

Realmente, borrar los recuerdos con una pastilla, no anularía los efectos secundarios asociados al trauma.

La persona seguiría sintiendo angustia, miedo o bloqueo ante ciertas situaciones, pero desconocería su origen, por lo que viviría en una constante incertidumbre y embargada por la desagradable sensación de no tener control sobre sus reacciones emocionales.

El trabajo de una buena terapia debe ser sacar a la luz los recuerdos traumáticos para reorganizarlos, verlos desde una nueva perspectiva, más adulta y madura. De esta forma, la persona puede programar nuevos patrones de acción para futuras situaciones.

Solo conociendo y trabajando nuestro pasado podemos tener control sobre nuestro presente.

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