Rasgos de Personalidad

Cuando el perfeccionismo te bloquea

La búsqueda de la perfección puede acarrearnos graves problemas laborales y personales. Aprender a flexibilizar y aceptar el error nos ayudará a superar este perfeccionismo insano.

El primer día que le conocí, Alfredo se definió como una persona meticulosa y detallista, a la que le gustaba que todo le saliera bien. Me comentó que venía a buscar ayuda psicológica a mi consulta porque, en los últimos años, se había dado cuenta de que su afán por conseguir la perfección estaba afectando profundamente a su vida laboral y personal.

Trabajaba como arquitecto en el estudio de un amigo de su padre, pero quería independizarse para crear una empresa de arquitectura sostenible. Sin embargo, aunque dedicaba todo su tiempo libre a idear proyectos personales, era original y creativo, nunca pasaba de la fase inicial del desarrollo de su empresa.

Alfredo se sentía bloqueado a todos los niveles.

Quería presentarle a los inversores un plan de negocio tan perfecto, que nunca lograba estar satisfecho con el trabajo que había realizado. El resultado era que, a pesar de tener el diseño de un buen número de excelentes viviendas, aún seguía estancado en la primera etapa de la puesta en marcha de su negocio.

Dónde nace el perfeccionismo poco productivo

Evidentemente, esforzarse por dar lo mejor de nosotros mismos y realizar un trabajo de calidad, en sí, no resulta perjudicial. Sin embargo, muchas personas confunden excelencia con perfección, lo que acaba por producirles, al igual que le sucedía a Alfredo, un bloqueo en su vida personal y laboral. Estar personas tienen tan interiorizada la obligación de hacerlo todo tan perfecto, que a la hora de desarrollar sus ideas o de crear una familia, acaban paralizadas, incapaces de llevar a cabo sus proyectos.

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En el origen de este aprendizaje insano de la perfección pueden estar los patrones familiares, pero también tiene una enorme responsabilidad el sistema educativo. Se presiona mucho a los niños, desde que son muy pequeños, para que no se equivoquen. Se les induce a pensar, sin tener en cuenta el proceso, que la nota final es lo único que importa.

La escuela penaliza el error y no valora el aprendizaje. Los niños asimilan la idea de que es malo equivocarse y esto lleva, a muchos de ellos, a desarrollar un bloqueo tremendamente perjudicial para sus vidas.

El mensaje que graba su inconsciente es "si no hago nada, no me equivocaré, no fallaré y no seré castigado”.

Alfredo había sufrido esta doble presión, por parte del colegio y de sus padres. En todas partes, le forzaban y le exigían ser el mejor y sacar las mejores notas. Él intentaba esforzarse para complacer a todo el mundo, pero a la vez, se sentía muy mal. Alfredo me comentó que había sufrido varias crisis de ansiedad en el instituto y, posteriormente, en la Universidad.

Cómo romper este esquema de pensamiento perfeccionista

Para ayudar a Alfredo desde la psicología, le propuse buscar alguna situación, en su pasado, en la que hubiera tenido que realizar algo poco a poco, progresivamente y que le hubiera servido como experiencia de aprendizaje. Al principio, le costó encontrar un alguna situación así, pero recordó que, en una etapa de su vida, trabajó en una pastelería, propiedad de su familia.

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Era joven y me explicó que allí se sentía libre para atreverse a crear nuevos tipos de pasteles. Realizó unas primeras pruebas que le sirvieron para darse cuenta de qué ingredientes necesitaba cambiar y, poco a poco, tras varias experimentos algo insípidos, logró hornear unos pasteles que gustaron a todo el mundo y acabaron por convertirse en la insignia de la empresa familiar.

Alfredo siempre había considerado esta experiencia como un paréntesis poco importante en sus estudios, pero ahora la estábamos analizándola desde otro prisma. La tomamos como un aprendizaje progresivo en el que el error no era visto como algo negativo, sino que aportaba datos importantes para la siguiente prueba.

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Este nuevo punto de vista supuso toda una revelación para Alfredo. Durante toda la semana siguiente a esta sesión, estuvo meditando y anotando todas las ideas que acudían a su mente y que le ayudaban a desprogramar su patrón de perfección.

Recogimos todas esas ideas para sacar estas valiosas conclusiones:

  • Rebaja las expectativas: No pretendas hacerlo todo perfecto.
  • Ve paso a paso: Más vale comenzar a moverse, que quedarse quieto, paralizado.
  • Saca conclusiones para el siguiente paso: Cada experiencia nos sirve para preparar y mejorar el siguiente ensayo. Cada prueba que realizamos supone un aprendizaje para la siguiente.
  • No hay error: Tenemos que reprogramar la idea del error como algo negativo. Si cometemos un fallo, pero podemos sacar un aprendizaje, habrá sido útil.

Al cabo de unos meses, Alfredo puso en marcha su estudio de arquitectura sostenible con gran éxito. Los errores ya no suponían para él un bloqueo, sino una oportunidad de aprender y evolucionar en su trabajo.

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