Crianza respetuosa

Los 8 buenos tratos para criar hijos felices

¿Por qué unos niños crecen tristes, desequilibrados e infelices y sin embargo, otros afrontan la vida desde la seguridad y la salud emocional? La diferencia la marca el tipo de trato que reciban desde sus figuras de apego. ¿Cómo podemos criar hijos felices?

Cuando pregunto, en mis charlas, a padres y madres, cómo quieren que sean sus hijos cuando crezcan y se conviertan en adultos, todos coinciden en que, en primer lugar, desean que sean felices. También, añaden otras características, relacionadas con la felicidad, como que sean seguros, asertivos, que sepan resolver problemas, defenderse si les agreden, que puedan vivir con comodidades, etc.

A estas familias, siempre les explico que, básicamente, los deseos que piden para sus hijos no son tan complicados de lograr y que, para criar a niños seguros de sí mismos y, en definitiva, felices, deben ejercer una pa/maternidad responsable basada en los “buenos tratos” hacia sus pequeños.

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Esta idea de los “buenos tratos” surge en oposición a los malos tratos, de los que tanto hemos hablado en este blog y que son tan perjudiciales para la vida y el desarrollo de la personalidad de los niños.

Los buenos tratos parten de los conceptos de respeto y de confianza en los pequeños y en sus procesos evolutivos. Hoy vamos a ver qué son los buenos tratos y cómo fomentarlos.

1. Crea un entorno de seguridad para salvaguardar su autoestima

Los bebés llegan al mundo con su autoestima intacta. No necesitamos tomar ninguna medida especial para fomentar su autoestima. Lo que los niños precisan de nuestra parte, en realidad, es que les protejamos de las agresiones externas que sí pueden dañar su autoestima.

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Nuestra labor, como padres y madres, es la de crear un entorno de confianza y seguridad en el que nuestros hijos puedan crecer sintiéndose amados y protegidos, de esta forma, su autoestima se mantendrá elevada, aprenderán a sentirse amados, respetados y a amarse y respetarse ellos mismos.

2. Fomenta su capacidad de decidir

La capacidad de tomar decisiones se puede fomentar, incluso desde su etapa de bebés, comprendiendo y respetando las elecciones que realizan. Pensemos, por ejemplo, que el bebé desencadena el proceso del parto cuando está maduro para nacer (él decide cuándo nacer) o llora cuando tiene hambre (decide cuándo comer).

Poco a poco, las decisiones serán más complejas pero, si se ha sentido escuchado y respetado desde pequeño, el niño confiará en su instinto y en su cuerpo, y sabrá lo que es mejor para él.

3. Dedica tiempo a escucharle

Siempre debemos prestar atención a lo que nos dicen los niños. Pongámonos a su altura, para mirarles a los ojos y hacerles saber que les estamos escuchando. Pensemos que lo que nos cuenta un niño, siempre es importante para él, por lo tanto, también debe serlo para sus padres.

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Además, escuchar a los niños les hace sentirse valorados, queridos y favorece la confianza entre padres e hijos. Queremos que, cuando tengan preocupaciones o problemas, acudan en busca de nuestra ayuda, no que nos rechacen.

4. Busca soluciones dialogadas

Debemos fomentar el diálogo, la escucha al otro, el respeto de los turnos de palabra. El diálogo fomenta la empatía, la conexión con los demás y ayuda a tener puntos de vista diferentes sobre los que pensar nuestra realidad.

También ayuda a buscar soluciones consensuadas en los conflictos, soluciones dialogadas no impuestas a base de fuerza o violencia.

5. No recurras a los premios ni a los castigos

Los castigos no enseñan nada, no son pedagógicos, solo muestran la frustración y la incompetencia de los padres y/o educadores. Puede que los niños modifiquen su conducta tras sufrir un castigo, pero no cambian su comportamiento porque hayan aprendido los motivos por los que no deben hacer tal cosa, sino para evitar la represión por parte de los adultos.

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Los premios tampoco enseñan las verdaderas razones para hacer algo, sino que crean una dependencia insana hacia las recompensas. En su futuro, si no hay un premio de por medio, los niños chantajeados a base de recompensas, no sentirán la motivación necesaria para emprender las acciones que necesiten realizar.

6. El respeto se enseña mediante el ejemplo

El respeto no se enseña por medio de la imposición o la represión. Los niños que han sido (y se han sentido) respetados en sus infancias, se convierten en adultos que respetan a los demás (y a ellos mismos).

Tenemos que fomentar el respeto desde la comprensión y la tolerancia, jamás –como sí pasaba en generaciones anteriores– desde el miedo.

7. Acompaña sus emociones

El mundo emocional humano es muy complejo y, para poder crecer equilibrados, los niños necesitan a unos adultos que les ayuden a comprender y a regular sus emociones. Si no tienen a nadie que les acompañe en sus conflictos internos, se sentirán desamparados y sin referencias para manejar sus emociones.

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Aprovecha cada ocasión que surja para hablar con tu hijo sobre lo que está sintiendo. Ponle ejemplos personales, háblale de cómo te sientes tú y cuéntale cómo has resuelto otras situaciones similares.

8. Muéstrale cómo respectar su cuerpo y su mente

Desde pequeños, debemos fomentarles el “mens sana in corpore sano”, como nos aconsejó Juvenal.

Los buenos hábitos del cuidado y respeto por el cuerpo son el complemento imprescindible de todo el trabajo emocional que hemos comentado en los puntos anteriores.

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