Hermanos

Me obligaron a cuidar de mi hermano pequeño

En muchas familias, a los hermanos mayores se les atribuye la responsabilidad de cuidar de los pequeños. Esto les origina unas carencias, que arrastran de por vida. Cuando estas personas logran reconocer lo injusta que fue esta obligación, comienzan a sanar.

El orden de nacimiento de un niño en su familia puede llegar a influir en el desarrollo de su personalidad. Un caso muy común es el de los hermanos mayores a los que se responsabiliza del cuidado de los más pequeños.

Este exceso de responsabilidad, puede acabar causando, entre otros muchos perjuicios, crisis de ansiedad, falta de autoestima, frustración y depresión.

No obstante, es necesario recordar que esto no tiene porqué ocurrirle a todos los niños que son hermanos mayores. Además del orden de llegada, muchos otros factores intervienen en el desarrollo de la personalidad como, por ejemplo, el estilo de crianza, el carácter de los padres, las costumbres familiares, etc.

La etiqueta de "cuidador"

Cuando comenzó a venir a terapia, Pablo se sentía responsable de todo lo que le pasaba a su hermano menor. Vivía siempre preocupado porque algo malo pudiera sucederle.

Tanto se ocupaba de él, que descuidaba a su propia familia. De hecho, estaba a punto de destrozar su matrimonio por las continuas discusiones que generaba esta situación.

Pablo no era consciente de la profunda programación a la que había sido sometido de niño para que cuidara de su hermano pequeño.

Al nacer un hermano, es habitual que los familiares se dirijan al hermano mayor para hacerle ver lo maduro que es y cómo tiene que cuidar a su hermanito.

Incluso, si el “mayor” tiene 2 o 3 años, comienza a recibir mensajes del tipo “tienes que ayudar a tus padres”, “ahora tienes que ser muy responsable” o “ tendrás que cuidar a tu hermanito”.

La mayoría de estos mensajes no tienen malicia y buscan darle un lugar de importancia al hermano mayor para que no tenga celos del recién llegado. Sin embargo, en ciertos casos, cuando los padres transforman estas advertencias en obligaciones, cae sobre estos pequeños una pesada losa.

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Una maduración precoz

Independientemente de la edad que tenga el niño, se le fuerza a madurar de golpe para hacerse cargo de su hermano. De alguna forma, pierde el estatus de niño, ya no puede jugar y disfrutar como le correspondería porque tiene la responsabilidad de encargarse de la salud y la seguridad del pequeño.

Esto fue lo que le sucedió a Pablo. Su hermano nació cuando él tenía 3 años y, según me comentaba en nuestras sesiones, siempre se recordaba vigilando y cuidando de él.

Una escena de su infancia que le marcó profundamente fue un día, cuando él tenía 6 años (y su hermano 3), en el que sus padres, por algún motivo, se ausentaron de casa y le dejaron al cuidado del pequeño. Este, a los pocos minutos, tiró un jarrón de cristal que se hizo añicos en el suelo.

El niño se asustó y, de la impresión, se cayó sobre los restos del jarrón y se hizo un pequeño corte en la mano. No fue nada importante, pero sí lo bastante impactante como para traumatizar a su hermano mayor.

Pablo, se sintió absolutamente responsable de lo ocurrido, tanto, que llegó a pensar que su hermano menor iba a morir por su falta de atención.

Cuando llegaron sus padres y descubrieron lo que había sucedido, en vez de asumir su responsabilidad, culparon al pequeño Pablo del accidente y le castigaron por ello.

A su corta edad, no era capaz de darse cuenta del abuso que suponía dejarle al cuidado de su hermano.

Asumiendo el rol que le habían otorgado sus padres, se prometió redoblar sus esfuerzos para que no volviera a ocurrirle nada malo a su hermano.

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Un exceso de preocupación

A medida que crecieron, los cuidados de Pablo se fueron radicalizando, sobrepasando los límites normales de una relación de hermanos. Siempre estaba preocupado por lo que hacía su hermano y vigilaba todos sus movimientos.

El miedo a que, si él bajaba la guardia, le ocurriera algo grave, siempre estaba presente. Incluso, tenía numerosas pesadillas en las que su hermano moría de las formas más rocambolescas. en todas ellas, la culpa del fallecimiento del hermano siempre era suya.

En el presente, la relación entre ambos hermanos se había visto perjudicada por este patrón de responsabilidad.

El pequeño reclamaba espacio e independencia, pero Pablo era incapaz de rebajar su nivel de exigencia.

Para poder tener una relación sana con su hermano, Pablo tuvo que reconocer que él también era muy pequeño y que eran sus padres los que deberían haberse ocupado de cuidarles a los dos. No fue justo que le cargaran a él con tanta responsabilidad.

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Cómo abandonar este patrón

Nuestro trabajo, en terapia, se centró en reprogramar esta idea de cuidado excesivo, liberándose de la culpa por cualquier cosa que le pudiera suceder a su hermano. Este cambio originó una serie de mejoras en todos aspectos de la vida social de Pablo.

El hermano menor (que ya tenía 42 años) dejó de sentirse vigilado y presionado, y pudieron construir una relación mucho más sana y equilibrada, en la que ambos se cuidaban como hermanos, pero lejos ya de cualquier presión.

Por otro lado, Pablo pudo reconstruir la relación con su mujer y sus hijos, a los que casi había abandonado debido a su problema.

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