Infancia y estrés

No puedo vivir sin problemas

Cuando una persona ha tenido una infancia marcada por el estrés, a veces le resulta imposible vivir una vida adulta apacible. Su necesidad de emociones fuertes es tanta, que ella misma se provoca, de forma inconsciente, problemas para sentirlas.

Hay personas que no están acostumbradas a vivir de forma pausada, disfrutando de los buenos momentos de su día a día. Al contrario, aunque no exista ningún motivo para ello, viven en un continuo estrés. Y si, por casualidad, su existencia pasa por una fase tranquila, son ellas mismas las que, inconscientemente, provocan discusiones o problemas para recuperar esta sensación de tensión tan habitual en su vida. Experiencias vividas durante la infancia pueden estar tras este comportamiento.

Sentirse seguro en el conflicto

Fernando disfrutaba de una vida acomodada, un buen trabajo, una estupenda relación con su pareja y unos hijos maravillosos. Sin embargo, cada vez que sentía que su vida, por fin, estaba llegando a buen puerto, sucedía algo que la volvía a poner del revés. Más bien, según me comentó en su primera sesión en mi despacho de psicología, no sabía por qué ni cómo, pero de alguna forma, siempre era él mismo el que provocaba algún tipo de embrollo y boicoteaba su alegría.

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Discutir

"No quiero discutir"

Por un lado, su consciente, su parte adulta, quería poder vivir en paz con su familia y disfrutar de su compañía, pero a un nivel más profundo se sentía muy nervioso cuando todo iba bien. Se había dado cuenta de que, de una forma u otra, aun sin proponérselo conscientemente, era él quien provocaba las discusiones y fastidiaba la vida familiar.

Le resultaba muy contradictorio, pero reconocía que sentía cierta tranquilidad y normalidad en los gritos y el estrés, mientras que la vida ausente de tensión le aterraba, le daba la sensación de que algo no iba bien.

Lamentablemente, al igual que Fernando, hay muchas personas que no han aprendido a afrontar la vida de forma tranquila. En su infancia, acostumbradas a sobrevivir en un ambiente disruptivo, se adaptaron a la sensación de ansiedad y tomaron por norma el mantenerse en un continuo estado de alerta.

Estas personas, cuando crecen y tienen una vida normal, con una pareja normal y sin ansiedad, se estresan porque no están acostumbradas a las sensaciones agradables y placenteras. Si no sucede nada y su vida transcurre tranquila, ellas mismas, inconscientemente, generan los problemas, para poder volver a mantenerse alerta y experimentar esa sensación de ansiedad tan conocida de su infancia.

No conciben una vida sin estrés, sin problemas, sin ansiedad. Nunca conocieron una vida así y les cuesta adaptarse a la ausencia de estrés, para ellas, signo de que algo va mal.

Si los padres discuten, los hijos se acostumbran a la angustia

Volviendo al ejemplo de Fernando, durante sus sesiones, recordó continuas discusiones entre su padre y su madre. De pequeño, Fernando nunca estaba tranquilo. Incluso, cuando no sucedía nada, él ya se sentía angustiado porque sabía que, en cualquier momento, podía “saltar la chispa” y acabar todo fatal.

En cualquier situación, por cualquier motivo, sus padres se enfadaban y comenzaban a gritarse mutuamente. Cuando terminaban la discusión, se dirigían hacia él y le culpaban de todo. Siempre acababan con “si tú no hubieras nacido, todo nos iría mejor”.

Su padre le llegó a decir en una ocasión que él no era un hijo deseado, que era un error y que lo estropeaba todo.

Un ejemplo especialmente estresante, que se repetía todos los años, era el de las reuniones familiares por Navidad. Nunca hubo ninguna que no finalizara en gritos o insultos. Sus padres, sus tíos y sus abuelos, terminaban siempre discutiendo, echándose en cara mil situaciones del pasado y él, cuando ya no podía aguantar más, acababa también gritando y llorando desconsolado.

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De esta forma, el pequeño Fernando fue asimilando este modelo como el normal. Aunque no era agradable y sufría mucho con estas broncas familiares, interiorizó que así debía ser la vida.

Cuando creció y fundó su propia familia, Fernando comenzó a provocar (de forma inconsciente) momentos de tensión porque esta era la única vida que él conocía. Se había acostumbrado el estrés y solo de esta manera sentía el estímulo para activarse y hacer cosas.

Obviamente, la situación había llegado a tal extremo que estaba poniendo en peligro su matrimonio.

En su terapia, trabajamos para desprogramar ese aprendizaje grabado a fuego en su infancia. Comprendió que su experiencia de familia disfuncional no debía ser la norma que marcara su vida. También, asimiló que todas las culpas que le cargaron en su infancia no eran suyas. De esta forma, poco a poco, dejó de boicotearse la vida, pudo deshacerse de la necesidad de vivir y sentir estrés, y pudo aprende a tomarse las cosas con mucha más quietud.

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