Equilibrio interior

¿Optimismo o pesimismo? ¿Qué es mejor?

Algunas personas prefieren ver el vaso medio lleno, otras medio vacío. ¿Pero qué opción nos dice la psicología en la práctica que es la mejor para nuestras vidas? La respuesta te sorprenderá.

Inmaculada vivía en un constante estado depresivo y apático. No encontraba nada que la motivara, ni parecía sentir, en su vida, ilusión, alegría o pasión. Cuando acudió por primera vez a la consulta, me comentó: “parece como si llevara unas gafas de color gris opaco que me obligan a ver la vida de forma negativa, oscura y sin salida”

En nuestra segunda sesión de trabajo le pregunté cómo querría ella ver la vida o, utilizando sus propias palabras, cómo le gustaría que fueran esas gafas. Inmaculada me contestó: “me gustaría tener unas gafas de color rosa chicle, para poder verlo todo bonito, brillante, sin complicaciones ni problemas”

El deseo de Inmaculada resulta completamente comprensible en aquellas personas que se han pasado la vida en un extremo muy pesimista y sombrío de la existencia. Tras tanto dolor y sufrimiento, anhelan tener un poco de luz y tienden a buscar alivio a su malestar, justo en el lado opuesto, el del optimismo exacerbado.

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Sin embargo, tal y cómo le expliqué a Inmaculada, lo cierto es que tanto el optimismo exacerbado, como el pesimismo exagerado, son estados de la personalidad emocionalmente poco saludables. Le comenté que, si cambiara sus gafas del gris opaco al rosa chicle, seguiría atrapada, aunque de una forma diferente, en el dolor y el sufrimiento.

Negar el malestar e inventarse una vida de color de rosa, ni soluciona los problemas, ni nos ayuda a encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

Ningún extremo es sano

Tanto el pesimismo como el optimismo exacerbados pueden alejarnos de la realidad y empujarnos a vivir en una fantasía.

El pesimista extremo lo verá todo negro, se deprimirá y será incapaz de avanzar, mientras que el optimista exacerbado, se lanzará a lo loco a cualquier empresa, sin tener en cuenta los posibles peligros que puedan aparecer.

Nuestra forma de interpretar la vida se ve muy influida por el modelo que hayamos tenido en nuestros padres.

Si nos educaron a través del miedo y la represión extrema, veremos amenazas y oscuridad por todas partes. Si nos criaron a través del pesimismo y la negatividad, pensaremos que somos unos inútiles y que no existe la esperanza para nosotros.

Si nuestros padres fueron demasiado laxos y despreocupados, en su momento, no aprendimos a reconocer posibles peligros y hoy en día, podemos llegar a actuar, en ocasiones, de forma inconsciente y peligrosa.

El caso de Inmaculada y la búsqueda de las gafas rosas

Los padres de Inmaculada le transmitieron a su hija una visión muy negativa de la vida en la que cualquier pequeño riesgo –o cualquier circunstancia que se saliera de lo conocido– podía llegar a convertirse en un peligro mortal. A lo largo de toda su infancia, la niña no paró de escuchar frases como “más vale pájaro en mano que ciento volando” o “el clavo que sobresale es el que recibe el primer golpe”.

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Desde muy pequeña, Inmaculada, se fue acostumbrando a estar en guardia, a esperar que las desgracias ocurrieran a su alrededor y esto, paulatinamente, le fue consumiendo toda su energía. Sus “gafas oscuras” eran el resultado de la suma de la actitud negativa de sus padres y de su forma derrotista de afrontar la vida.

En consulta, Inmaculada trabajó para entender el origen de su negatividad y de su pesimismo extremo.

A lo largo de sus sesiones pudo desprenderse de esta manera tan dañina de ver la vida que había heredado de sus padres.

También pudo comprender que, a lo largo de nuestras vidas, todos pasamos por todo tipo de circunstancias. Algunas más gratificantes y otras menos, unas alegres, otras dolorosas, etc. Inmaculada, aprendió a fluir, a disfrutar de las experiencias agradables y a afrontar con confianza las que no lo eran tanto.

En una de sus últimas sesiones, Inmaculada me comentó: “Ya no quiero gafas, ni oscuras, ni rosas. Quiero vivir la vida de verdad, poder aprender de los errores y seguir adelante”.

Las gafas, cuanto más transparentes mejor

Tanto el pesimismo como el optimismo extremos, son dos caras de una misma moneda, la de la negación. Como siempre, en el equilibrio está la salud. Ser consciente de la realidad y poder analizar las situaciones tal y como son, con todos sus matices y colores, nos aporta comprensión y salud emocional.

Solo de esta forma, desde las gafas transparentes, podemos tomar las decisiones más saludables para nuestras vidas.

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