Terapia

El primer paso para solucionar un problema: reconocerlo

Todo trabajo terapéutico comienza por reconocer que existe un problema. Solo tras comprenderlo, si trabajamos en profundidad, podremos liberarnos de él.

Una frase típica en carteles motivacionales o libros de autoayuda suele ser la de que “el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia”. Esto es muy cierto, sin embargo, llegar a este estado de comprensión, no resulta sencillo. Para percatarnos de que algo no funciona bien en nuestra vida, antes tenemos que pasar por el arduo proceso de comprender que tenemos un problema.

Alguna personas no pueden o no están preparadas para reconocer que tienen un problema que les está haciendo sufrir, mientras que otras, simplemente, dejan pasar el tiempo pensando que sus preocupaciones se solucionaran solas. De hecho, la mayoría de las personas que acuden a mi consulta, lo hacen tras pasar años de sufrimiento y de repetición de ciertos patrones negativos o autodestructivos.

Atrapados en patrones perjudiciales

En tono de broma, Alejandro se definía a sí mismo como “un coleccionista de trabajos”. Siempre que comenzaba a trabajar en una empresa, durante unos pocos meses, le iba muy bien, pero, pasado este tiempo, inevitablemente, llegaba a un punto en el que todo se torcía y perdía su empleo. Durante años, el joven no fue consciente de que estaba atrapado en un patrón perjudicial y dañino para él. Sin embargo, tras perder un trabajo que le gusta especialmente, comprendió que algo marchaba mal en su vida y acudió a terapia.

Para superar nuestros problemas, una vez reconocida su existencia, tenemos que trabajar en profundidad para comprender y liberarnos de los motivos inconscientes que nos impiden cambiar y nos empujan a chocar una y otra vez con los mismos obstáculos. Parte de este trabajo, tal vez la más compleja, pasa por enfrentarnos a nuestros miedos.

El miedo es diverso y, según las vivencias personales, toma diferentes aspectos: el miedo a cambiar, a enfermar, al rechazo, a la verdad, a lanzarse a lo nuevo, a dejar a un lado la seguridad de lo que se conoce, etc.

El miedo atrapa e impele a las personas a aguantar y esperar a que situaciones terriblemente conflictivas se resuelvan solas.

Si, desde la infancia, hemos aprendido patrones inadecuados para afrontar ciertas situaciones o para buscar la atención y el cariño de los demás, seguiremos repitiéndolos aunque no obtengamos el resultado que buscamos. Nadie podrá ayudarnos hasta que seamos capaces de reconocer nuestros miedos y superarlos.

Alejandro, a pesar de ser un chico inteligente y sociable, era incapaz de mantener un trabajo más de seis meses seguidos. Comenzaba muy bien en la empresa y sus jefes siempre estaban contentos con él, sin embargo, llegaba un punto en el que se veía incapaz de cumplir con su cometido y empezaba a fallar en su trabajo.

Artículo relacionado

9 pasos aceptar pasado

Acepta tu pasado en 9 pasos

Cuando aceptamos el problema

Cuando vino a mi consulta, Alejandro me confesó que se había dado cuenta de que tenía un problema. Me dijo que no era normal que cuando todo comenzaba a irle bien en el trabajo, él siempre “la fastidiaba”. Acababa de perder un empleo como guarda de seguridad que le gustaba mucho y se sentía muy mal.

A lo largo de sus sesiones, Alejandro fue comprendiendo cómo su problema hundía sus raíces en su infancia. Huérfano, el niño pasó su infancia al cuidado de su abuelo paterno, un viejo militar jubilado de carácter rudo y autoritario. Durante años, el pequeño Alejandro tuvo que soportar a diario las comparaciones con su padre fallecido. El abuelo le hablaba de lo brillante que era su hijo y de la poca cosa que era su nieto.

A veces, cuando el niño sacaba malas notas, el abuelo le pegaba con la correa y terminaba siempre cada una de sus palizas con un “nunca llegarás a nada”.

Alejandro acabó por asimilar este mandato como certero. No dudaba de la palabra de su abuelo, él era el adulto que estaba a su cargo. Ya de adulto, se sentía incapaz de demostrar el excelente trabajador que era durante mucho tiempo, siempre aparecía un freno que le impedía avanzar. En su inconsciente se había grabado a fuego la prohibición explícita de su abuelo de llegar a algo en la vida, también, la creencia de que no valía nada, de que era poca cosa.

Siempre es duro reconocer los problemas propios porque nos sacan de nuestra zona de confort, de lo “malo conocido”, pero cuando comenzamos a hacerlo, supone un gran cambio en nuestra vida. A partir de esa toma de conciencia, podemos comenzar a caminar en dirección a nuestra sanación emocional.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?