Revivir situaciones

Regresión espontánea: cuando el presente te hace conectar con algo del pasado

Las emociones intensas del pasado que no pudieron ser expresadas, siguen muy vigentes en el presente. Para que no nos sigan dañando tenemos que darles voz y dejarlas salir.

Algunas situaciones del presente pueden despertar una reacción emocional extrema, como un miedo desproporcionado o un bloqueo que paraliza la garganta e impide hablar.

Cuando la persona se encuentra ante una situación similar a otra anterior, su cuerpo responde de forma intensa, automáticamente y sin poder controlarlo, aunque no exista un motivo racional para que esto ocurra.

En estos casos, los psicólogos decimos que se ha producido una regresión espontánea, es decir, una conexión emocional que impulsa a la persona a revivir otras situaciones de su pasado en las que experimentó sensaciones similares que no fueron resueltas de forma satisfactoria.

Artículo relacionado

poder creativo de los recuerdos

Recordar el pasado también es un acto creativo

Por qué revivimos emociones del pasado

Las emociones del pasado se acumulan a lo largo de toda la vida. Año tras año, se van sumando hasta llegar al presente con una hipersensibilidad ante situaciones que conectan emocionalmente a la persona con otras experiencias traumáticas de su pasado. En una regresión espontánea, no es necesario que la escena sea exactamente igual, el detonante se encuentra en la emoción subyacente: “no te hacen caso”, “alguien te amenaza”, “te castigan por algo que no has hecho”.

En el caso de Gema, según me explicó en una de sus sesiones de terapia, esto le sucedía cuando le repetía, reiteradamente, algo a sus hijos y estos no le hacían caso. En esos momentos, comenzaba a sentir una furia interior que la hacía estallar. Perdía el control, gritaba y amenazaba a los pequeños con terribles castigos. Ante la reacción desproporcionada de su madre, los niños se asustaban y terminaban llorando.

Gema era consciente de que no quería reaccionar así, pero cuando se encendía la chispa, le era imposible controlarse.

Le pregunté, entonces, por lo que sentía cuando sus hijos no le respondían o no le hacían caso: “me hacen sentir que no soy nada, como si fuera un cero a la izquierda”, me confesó Gema.

Conectando con su infancia, estas emociones se relacionaban con unos padres que apenas la prestaban atención. No estaban atentos a los problemas que podía tener en casa o en el colegio y, si les pedía ayuda, la ignoraban de forma sistemática. Sin embargo, sí que se preocupaban por sus hermanos y hacían todo lo posible por el bienestar de los niños.

A lo largo de toda su infancia, Gema se sintió desplazada y desatendida, como si no perteneciera a su familia. De hecho, su madre había fallecido cuando ella era muy pequeña y su padre había vuelto a casarse con otra mujer. Sus dos hermanos eran fruto de esta nueva unión de su padre.

Artículo relacionado

Actitud sistema inmunitario

Tu mente es tu mejor farmacia: ¡utilízala a tu favor!

Liberarse al presente

Como podemos ver, las situación actual, una Gema ya adulta, no tenía nada que ver con la historia pasada de la niña abandonada. Sin embargo, cuando sus hijos “no le hacían caso”, Gema revivía de forma automática el desamparo y la sensación de ser ignorada que sentía de pequeña.

En esos momentos, cuando se producía una regresión espontánea, Gema revivía su pasado inconscientemente y, todas las emociones que no pudo expresar en su momento (rabia, injusticia, etc.), afloraban de forma desproporcionada contra sus hijos.

Para liberar al presente de esta pesada carga, es necesario reconocer las emociones bloqueadas del pasado y darnos la oportunidad de expresarlas. De esta manera, liberando el presente, las situaciones actuales no actuarán como detonante de las pasadas y podremos reaccionar con mucha más claridad.

En su terapia, Gema pudo asumir y llorar la injusticia y el desamparo que sufrió de niña. Reconoció que sus sentimientos de abandono y de no ser atendida, no tenían nada que ver con sus hijos, sino con cómo la habían tratado en su infancia.

Gema por fin pudo llorar y gritar todo lo que no había podido expresar de niña.

Una vez liberadas sus emociones, las situaciones en las que sus hijos no le hacían caso a la primera ya no le despertaban la frustración y la rabia de antes, sino que las entendía como reacciones normales de niños pequeños. Podía acercarse y hablarles desde la calma, para poder explicarles lo que necesitaba de ellos en cada momento.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?