Desescalada

Síndrome de la cabaña: cómo superar el miedo a volver a salir a la calle

A pesar de que, aunque con restricciones, ya podemos ir a la calle, algunas personas no desean hacerlo. Sienten miedo, a veces pánico, a salir de su casa. Sufren lo que se denomina "el síndrome de la cabaña".

A medida que avanza la desescalada y hemos recuperado la posibilidad de ir a la calle, se están manifestando, en algunas personas, problemas emocionales derivados de este largo período de confinamiento colectivo. Una de estas secuelas es la que se conoce como el “síndrome de la cabaña”. Se presenta como miedo, en diferentes grados, a salir a la calle. Muchas personas ya lo van superando, pero en algunos casos, puede resultar bastante persistente.

En el caso de mi consulta de esta semana, veremos como Marta ha trabajado su temor a volver a salir a la calle. Para ella, su hogar representa su lugar de seguridad, mientras que el exterior simboliza un espacio enorme cargado de peligro.

Miedo a salir a la calle tras un aislamiento

Hasta hace unos meses, el síndrome de la cabaña solo había sido descrito en personas que pasaban largos períodos aislados y con escaso contacto social, como pueden ser astronautas, presos o trabajadores confinados en invierno en lugares de clima extremo. Sin embargo, en estos días es un motivo de consulta muy habitual en los despachos de los psicólogos.

El síndrome de la cabaña no está tipificado como un problema psicológico, no es una patología. Podemos describirlo como un miedo exagerado a salir al exterior tras haber pasado varios meses encerrados en casa. Además, las personas que lo sufren, pueden experimentar síntomas depresivos, apatía ante la monotonía del confinamiento, y, también, pueden presentar un cuadro de ansiedad ante la idea de volver a salir a la calle.

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La enorme adaptabilidad del ser humano, nos predispone a acostumbrarnos a cualquier tipo de situación, incluso a las más adversas, como ha sido el permanecer encerrados en casa más de dos meses. Nuestra mente ha acabado por habituarse a la situación de aislamiento, a las rutinas y a no tener contacto social directo con personas externas a nuestro hogar.

Durante meses, nuestras casas se han convertido en el lugar seguro, mientras que la calle representaba un peligro potencial.

Tras esta adaptación forzada a una situación contraria a nuestra naturaleza, ahora nos toca volver, poco a poco, a la normalidad (aunque esta sea diferente a la que conocíamos). Muchas personas, ante la posibilidad de volver a salir a la calle, han sufrido un verdadero shock emocional, se sienten desbordadas, temerosas ante lo que les pueda suceder en el exterior y no saben cómo reaccionar.

Volver a la normalidad puede resultar difícil

Marta es una de estas personas que está sufriendo lo que podríamos llamar un “síndrome de la cabaña persistente”. Gracias a la terapia online, en estas últimas semanas, hemos podido trabajar sus miedos acerca de la vuelta a la normalidad.

Marta es una persona introvertida con rasgos hipocondríacos que, ya antes del confinamiento, no buscaba mucho contacto social. Además, trabaja desde casa y es una apasionada lectora, de modo que, aunque se pase muchos días seguidos sola y sin salir a la casa, nunca se aburre.

El peligro para este tipo de personas es el de caer en esta rutina de seguir encerradas en casa y alimentar los miedjos hacia el exterior.

De hecho, Marta está sufriendo ya algunas secuelas psicológicas por haber pasado tanto tiempo confinada. Algunos de las preocupaciones o miedos que tenía, meses atrás, al escuchar todas las noticias sobre los fallecidos y las precauciones a tomar para no contagiarnos, se han visto incrementados.

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Cómo superar el síndrome de la cabaña

Estas fueron algunas de las pautas que trabajamos con Marta para poder hacer su desescalada personal:

  • Reconocer nuestro miedo. Reconocer y aceptar nuestros miedos nos ayuda a comprenderlos. El miedo es una emoción muy importante para nuestra supervivencia. Al reconocerlo, ya somos conscientes de su existencia y podemos trabajar para asimilarlo y para no quedarnos atrapados permanentemente en su influjo.
  • Mantener las medidas de seguridad. Mantener las precauciones recomendadas también ayuda a controlar el miedo a una posible infección. Seguir las indicaciones de seguridad como la distancia social, el lavado de manos o la mascarilla contribuye a contener la sensación de miedo y a aumentar la de seguridad.
  • Conocer la situación real. Sin caer en la obsesión de estar informados cada hora sobre las nuevas cifras de contagios o fallecidos, sí que es necesario conocer la situación de la comunidad en la que cada uno vive para tener una estimación real del peligro. Muchas veces el miedo infundado aumenta el pesimismo y no permite valorar todo lo que sí podemos hacer.
  • Salir de forma gradual. No hay que plantearse grandes objetivos, sino ir saliendo de forma progresiva, a tu ritmo, sin forzar, para coger confianza y comprobar que se puede hacer.

El objetivo de estos pequeños paseos es el de volver a conectar con las sensaciones positivas de estar en el exterior (aire limpio, olores de la primavera, la luz del sol, la amplitud, etc). Marta comenzó a pequeños intervalos de tiempo (primero 5 minutos, luego 10, etc.).

A medida que fue sintiéndose más segura, fue aumentando, de forma progresiva, su tiempo de estancia en la calle. A día de hoy, Marta sale a diario a pasear e incluso, ha ido a hacer la compra a un supermercado. Algo impensable para ella hace unas semanas.

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