Amor certero

Alguien que esté

A veces pareciera que todo en el mundo nos ha abandonado. Tal vez no sea sino eso el amor: la certidumbre de que entre todas las cosas que se rompen, se despiden, se caen, se mueren, se acaban, se agotan, se van, se pierden, haya algo que permanezca.

Alquien que te procure una certeza de que, de momento, no va a desaparecer.
Como desapareció la tortuga o aquella amiga que te juró amistad eterna.
Como desaparecieron los Back Street Boys tal y como eran o las cabinas de teléfono.

A veces pareciera que todo en el mundo nos ha abandonado.
Tal vez no sea sino eso el amor: la certidumbre.
Que entre todas las cosas que se rompen, se despiden, se caen, se mueren, se acaban, se agotan, se van, se pierden, haya algo que permanezca.

Alguien que esté.
Alguien cuya piel arrugada sea un diario de tu paso por la existencia.
Que mires su hombro y recuerdes cuando apoyaste la cabeza en él en aquel funeral.
Que toques su nuca y recuerdes Oporto.

Que su respiración sea un lugar.
Un hogar.
Hoy todo el mundo está en otra parte.
Está en Instagram o en el futuro intentando encontrar algo mejor.
Pero nunca aquí.
Contigo.

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No proporcionándote esa seguridad.
Ese islote.
Esa cuerda.
Ese suelo.
Esa red.

Tal vez cada vez estemos más solas y solos.
Y tengamos que acostumbrarnos a ello.
Tal vez ya el amor.
Sea producto de la imaginación.

Un residuo de la memoria que llega hasta nuestros días como algo tenue.
Que hace ya mucho.
Que dejó de existir.
O tal vez.
Quién sabe.
Haya todavía gente dispuesta a quedarse.
Junto a ti.

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