Amor romántico

¿Estás de coña, Ariel? ¿Para qué quieres piernas?

Ariel, la Sirenita, quiere una piernas no para perrear, no. Las quiere para que un hombre la acepte. Ella está enamorada y para poder ser como el príncipe tiene que renunciar a su mundo, a su voz y a todo lo que conoce. Cuando el amor nunca puede ser renuncia.

La Sirenita es la historia de un sacrificio.

La de la identidad de una mujer en nombre del amor.

El summun del romanticismo.

Artículo relacionado

libertad manada feminismo

Ya no es tiempo de lobos, ahora aúllan las mujeres

Ariel es alguien que lo tiene todo, joder, que es mágica.

Es única, es algo que no existe, especial.

Puede bucear todo lo que quiera sin morir.

Hasta que un día sube a la superficie y se enamora de un hombre.

Entonces ya no le sirve nada.

Ni la cola, ni las escamas, ni la familia, nada.

Ella está enamorada y para poder ser como el príncipe tiene que renunciar a su mundo, a su voz y a todo lo que conoce.

Porque total: ¿Quién quiere tener voz cuando está con el hombre de su vida?

Artículo relacionado

sacrificio no es amor

Sacrificio no es amor

Ariel quiere una piernas no para perrear, no.

Las quiere para que un hombre la acepte.

Y eso es violencia.

Porque si Ariel usara el amor como excusa para independizarse estaría genial.

El amor como medio para encontrarnos es necesario y justo.

Como cuando te echas un novio con casa que tampoco es que te haga mucho tilín pero así poco a poco vas saliendo de casa de tus padres y ya cuando lo dejas pues te vas a vivir sola.

Así, sí.

¿Pero salir de casa de tus padres para casarte?

¿Estás de coña, Ariel?

Además: ¿Para qué quieres piernas?

Si te van a obligar a tenerlas perfectamente depiladas porque si no te van a llamar guarra.

Si te van a obligar a no enseñarlas si tienen celulitis.

Artículo relacionado

dejarse queremos por caridad

No te dejes querer por cualquiera: mejor soledad que caridad

Si por el hecho de que sean anchas te van a llamar gorda.

Si tus piernas se van a convertir en medidor de tu belleza.

Y al final lo habrás hecho todo por amor.

Cuando el amor nunca puede ser renuncia.

Porque si renunciamos a lo que somos lo único que nos queda para dar es lo que el otro espera recibir.

Nos plegamos a las necesidades ajenas y nos anulamos.

Y no, mira, la vida es esta cosa que pasa volando.

Así que si alguien te quiere.

Si les gustas a alguien.

Si vais a construir algo juntos.

Que sea en igualdad.

Así que Eric.

Ve comprándote un traje de buceo, chaval.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?