Derecho a sentir

Déjame estar triste

Tenemos que reconciliarnos con la tristeza. Decirle que también es necesaria porque sin ella no somos nosotros y nosotras. Porque no somos una única cosa.

La alegría no puede ser una obligación.
No puede ser un fin, porque cuando intentas estar alegre, la alegría desaparece.
Porque la alegría no se puede fingir.

La alegría es un movimiento.
Uno que no puede existir sin conocer lo que es la tristeza.
No se puede estar alegre eternamente.

Porque si nada es capaz de cambiar tu emoción es que todo te resbala.
Que no te importa lo más mínimo lo que suceda a tu alrededor.
No podemos culparnos por no estar siempre alegres.

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Tenemos que reconciliarnos con la tristeza.
Decirle que también es necesaria porque sin ella no somos nosotros y nosotras.
Porque no somos una única cosa.

Tal vez no haya nada más alegre que estar vivos y vivas para poder celebrar.
Porque la alegría es sentir la existencia.
Es encontrar tus razones propias para continuar.
Es la capacidad que tenemos de que la vida siga asombrándonos.

La alegría es la concreción de los sueños.
Es la confirmación de que cada pestañeo es una nueva posibilidad.
La alegría es darte cuenta de que tu cuerpo se mantiene.
De momento.

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Y que tú eres tu propio hogar.
Uno que solo va a poder habitarse una vez.
Uno que es nuevo para el Universo.

Que no está nunca alegre o triste, pero que está ahí para ti.
Para que tú puedas ser.
Alegre o triste.
O todo o nada a la vez.

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