Esperanza y libertad

Lo último que se pierde

La esperanza es un derecho inalienable de la humanidad. Y es inquebrantable. Cuando parece que ya está, que se terminó, algo araña el vacío. Algo nos queda.

La esperanza es un derecho inalienable de la humanidad.

Por eso nadie te puede negar la esperanza. Y aunque lo intenten, tampoco nadie te la puede quitar.

Porque es un poder del todo irrevocable. Nace y acaba en la gente.

La esperanza te pertenece, es tuya.
Como lo son los ojos heredados de tu padre y el temperamento de tu abuela.

La esperanza eres tú ocupando más espacio y más tiempo en el mundo.
Es un revoloteo futuro de tu pasado en el presente.

Algo íntimo, súbito, que te permite mantenerte aunque te cueste.

Un escudo contra el feroz viento.
La alegría y el cante del pueblo.
El destello cuando cae la noche.

No hay nada más radical que la esperanza.
Porque es catapulta en el origen y nido en el fin.

La esperanza es un niño que aprende a leer.
Una anciana que se manifiesta por la libertad de decidir de las mujeres.
Es un grupo de personas que crean una red para las más vulnerables.
Un hombre que se mira a sí mismo y aprende a hablar de lo que siente.

Es una ola y a veces un segundo y otras eres tú rebelándote contra lo injusto.

No hay nada más revolucionario que la esperanza.

Porque muchos no cuentan con que la alberguemos.
Porque ya se han ocupado de sembrar bien profundo el rencor.
Porque creen que la rabia hará que se pudran las copas de nuestros árboles.

Pero se equivocan. Siempre se equivocan.

Allí donde nos quieren desesperados.
Nos tendrán queriéndonos.
Allí donde desean piedras.
Nos tendrán en el abrazo.

Allí donde quieren que crezca el amargor yermo.
Tendrán nuestro placer a todo volumen.
Allí donde lanzan a la Nada para devorarlo todo. Tendrán a Fantasía.

Esa es, ni más ni menos, nuestra esperanza.

La que es capaz de hacer alquimia con el odio.
La que construye en vez de destruir.
Aquella que nos une en vez de separarnos.
Surco imprescindible para la empatía.

No hay nada más inquebrantable que la esperanza.

Fortaleza de la memoria.
Porque sin memoria la esperanza es sumamente imposible.
Es anuncio, propaganda o panfleto.
Un cadáver sin alma.

No hay nada más común que la esperanza.
Porque cuando parece que ya no hay.
Que ya no puedo.
Que ya está. Que se terminó.
Algo araña el vacío.
Algo nos queda.

Nos queda el Sol que regresa cada día.
Nos quedan otras manos aunque no sean las suyas.
Nos queda el legado y la posibilidad.
Nos queda el agua entre los omóplatos.
El hielo, una manzana, esa canción.
Nos queda la luz permitiendo las sombras.

Nadie dijo que fuera fácil.
Lo fácil es dejarse arrastrar, es cabalgar en lo detestable.
Lo difícil es amar.

No hay nada más libre que la esperanza.
Vestigio de lo hermoso (y duro).
Que es vivir.

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