La voz de Roy Galán

Finges la felicidad, finges cómo te va, finges la vida

Nos hacemos mayores y nos convertimos en profesionales de fingir. En ocultarnos bajo capas y más capas. Para que nadie jamás pueda saber cómo nos sentimos de verdad. Para que nadie jamás pueda llegar de verdad. Por si nos hacen daño.

Puedes escuchar aquí el podcast de Roy Galán (no hace falta que te descargues el reproductor)

Cuando somos pequeños y pequeñas no fingimos nada.
Tal vez esa sea la magia de la infancia: que solo hay que ser.
Hacer ver lo que sientes.
Pero luego crecemos y resulta que nos enseñan a fingir todo el rato.

Finge que sabes.
Finge que no te importa nada.
Finge que no estás triste.
Finge que te importa.
Finge tus orgasmos no sea que el otro se decepcione.
Finge la felicidad, finge cómo te va, finge la vida.

Nos hacemos mayores y nos convertimos en profesionales de fingir.
En ocultarnos bajo capas y más capas.
Para que nadie jamás pueda saber cómo nos sentimos de verdad.
Para que nadie jamás pueda llegar de verdad.
Por si nos hacen daño.

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Aprendemos a fingir para evitar el sufrimiento.
Para no ser rechazados.
Para que nos elijan en este eterno baile que es la existencia.
Para que nos saquen a bailar.

Y perdemos tantas cosas por fingir.
Perdemos lo genuino.
Que no es otra cosa que aquello que nos hace únicos y únicas.
Perdemos nuestra esencia.
Para camuflarnos, para que nos acepten.
Nos convertimos en alguien más.

Solo cuando vemos el fin.
Cuando intuimos que algo se puede acabar.
Cuando la desaparición o la muerte se hacen presentes.
Entonces dejamos de fingir.

Entonces nos damos cuenta de qué ridículo es simular algo.
Qué estúpido el miedo.
Qué poco tiempo tenemos para estar fingiendo.
Ojalá no tuviéramos que perder algo para valorar la verdad de nuestras emociones.

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Ojalá solo hiciera falta volver a esos días del principio.
En los que todo era mucho más sencillo.
En los que la realidad no se había convertido en una mentira que sostener.
En los que la máscara no era tal.

Estaría bien que nadie tuviera que recordarnos que nos morimos.
Sino que nacimos.
Para que dejemos de actuar.
Para que cojamos lo que nos queda aquí.
Y empecemos a vivir.
Como si jamás.
Hubiéramos vivido.

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