Haz balance

Año nuevo: borrón y cuenta nueva

Hay años malos, como aquel en el que ganó Trump las elecciones. Y otros buenos, como el de la huelga feminista. Demos las gracias por lo bueno.

Hacer balance es zambullirse en el pasado para rescatar del fondo lo que consideramos importante.

Rescatar aquello que nos ha cambiado para no olvidarlo.

Señalar en un mapa vital aquellos lugares que nos cambiaron.

Cada final de año echamos la vista hacia detrás para valorarlo.

Para valorarnos con respecto a los acontecimientos.

Hay años nefastos para la humanidad.

Como aquel en el que ganó Trump las elecciones.

Y tú te enamoraste y se enamoraron de ti.

En cambio hay años cargados de esperanza para la gente.

Como el de la huelga feminista.

Y tu casa se llenó de ausencias y silencios.

Es curioso que no nos percatemos de los años buenos.

De aquellos que pasan tranquilamente y de los que apenas podemos recordar nada.

Porque la vida sucede sin más, sin alardes ni aspavientos.

Es curioso que no demos las gracias por esos años e incluso hablemos de aburrimiento.

Que digamos que no nos ha pasado nada ese año cuando nos ha pasado toda la existencia.

Que despreciemos la calma con tanto desdén.

Que no sepamos apreciar la belleza de los detalles insignificantes.

Es curioso que luego, cuando los años son malos, añoremos la quietud de los días no raros.

No sé cómo habrá sido tu 2018.

Si lo celebras o quieres que se vaya de una vez por todas ya.

Si estará marcado en tu calendario como el año que venciste o como el año en el que perdiste.

Si lo usarás como referente para hablar de lo que te pasó después o antes.

O no serás capaz de nombrar nada de lo que en él te sucedió.

Lo que sí sé es que cada año es un año ganado a la muerte.

Un año en blanco.

Para dejar en él.

La huella que queramos.

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