Gracias

Tú me obligaste a quererme

Hiciste un viaje hasta mi existencia. Aunque a veces no hubiera sitio ni para mí. Recorriendo con tu boca todos aquellos rincones que me hicieron detestar. Me hiciste recordar lo que era tener un corazón dentro del pecho.

Llegaste cuando ya nadie pasaba por aquí.

Cuando ni yo mismo me visitaba.

Cuando mi cuerpo era ya un pueblo fantasma.

Cuando había perdido toda esperanza de que el mundo recuperara esa magia de la infancia.

Haciendo visible toda esa ternura que tenía desarraigada.

Apareciste sin previo aviso.

Como esas tormentas de verano que te pillan en medio de la playa.

Y no sabes si correr o dejarte empapar.

Viniste.

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Hiciste ese viaje hasta mi existencia.

Aunque a veces no hubiera sitio ni para mí.

Tú me obligaste a quererme.

Recorriendo con tu boca todos aquellos rincones que me hicieron detestar.

Aquellos que nunca miro.

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Pero tú te detuviste.

Y te llevaste con la lengua el peso de mis hombros.

Me permitiste descansar.

Alejarme del tiempo.

Reconquistar el espacio que había olvidado que me pertenecía.

Aceptar la herida y bailar sobre la cicatriz.

Llegaste para quedarte.

No sé hasta cuándo.

Pero eso da igual.

Llegaste y me hiciste recordar lo que era tener un corazón dentro del pecho.

Para poder seguir.

En pie.

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