La voz de Roy Galán

Miremos a la gente que nos quiere

Roy Galan
Roy Galán

Escritor

Hay un lugar en la gente que te quiere que no puede ser expropiado. Y ese lugar son los ojos de la gente que te mira bien. Tenemos que hacer un esfuerzo por mirarnos con esos ojos. Por usar esa amabilidad con nuestros cuerpos y nuestras realidades.

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Yo no sé si me quiero.
Porque es tan complicado quererse.
Nos lo ponen tan difícil.
Que es casi imposible.

Es tan rentable que te odies y que quieras cambiar.
Que nunca seas lo suficiente nada.
Hay tanta gente ganando dinero a costa de la frustración y la insatisfacción ajena.
Tantas personas a las que les viene bien que a ti te vaya mal.

Yo no sé si me quiero.
Lo que sí sé es que tengo alrededor gente que me quiere.
Por quien soy.
Por lo que soy.
Sin importar si estoy delgado o si tengo dinero.

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Sé que hay personas que me quieren por mi trato hacia ellas.
Que ese trato me devuelve un reflejo amable de mí mismo.
Un reflejo que es imprescindible para existir.
Porque necesitamos de un otro, de una mirada ajena, para configurar nuestras existencias.

Yo no sé si me quiero.
Lo que sí sé es que los demás me ayudan a quererme un poco.
Y entre tanto mensaje contradictorio.
Tanta neurosis convertida en verdad.
Tanta mierda que nos lanzamos una y otra vez.
Hay un lugar en la gente que te quiere que no puede ser expropiado.

Y ese lugar son los ojos de la gente que te mira bien.
Tenemos que hacer un esfuerzo por mirarnos con esos ojos.
Por usar esa amabilidad con nuestros cuerpos y nuestras realidades.
Tenemos que dejar de boicotearnos.

Dejar de ser nuestros propios enemigos.
Dejar de observarnos como alguien que nos detesta.
Porque si no dejamos de hacerlo.
Estaremos perdidos.
Habremos dejado que nos ganen una vez más.

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Estaremos a expensas de que cualquiera con cualquier opinión nos pueda hundir.
Pueda modificar nuestros humores.
Pueda destruir nuestras autoestimas.
Pueda vendernos algo porque tenemos miedo a no ser amados.

Tenemos que hacer de esas miradas afectuosas un poder.
Colectividad de los afectos.
Un poder irreductible en lo común.
Para que cuando alguien venga a decirnos que no valemos.
Porque no somos algo.
Saber que no tiene razón.
Porque tenemos una fotografía vital.
Desbordante de cariño.

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