La voz de Roy Galán

No hay nada que controlar

Controlar supone manipular la voluntad de otra persona. Supone amenazar con un castigo o un enfado. Si esa persona no se comporta como tú necesitas que se comporte. Por eso, controlar, es el fin del amor. Porque cuando tú quieres bien lo que quieres es que la otra persona pueda ser. No hay nada que controlar.

Roy Galan
Roy Galán

Escritor

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El amor jamás puede pasar por el control.
Por querer a la otra persona controlada.
Porque el control es una forma de no permitir al otro libre.
De no querer al otro libre.

Controlar supone manipular la voluntad de otra persona.
Supone amenazar con un castigo o un enfado.
Si esa persona no se comporta como tú necesitas que se comporte.
Por eso, controlar, es el fin del amor.
Porque cuando tú quieres bien lo que quieres es que la otra persona pueda ser.
No hay nada que controlar.

Hay que hablar.
Sentarse, mirarse a los ojos sin estímulos ajenos, sin ruido, sin distracciones.
Sentarnos a saber quién es la persona que tengo al lado.
Cuáles son sus deseos e inquietudes.
A qué le tiene miedo también.
Preguntarle qué necesita para sentir que le cuidan.
Pactar.
Acordar.
Llegar a un consenso.

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Porque igual la persona que tienes al lado no te hace ningún bien.
Porque incluso podría ser una estupenda amiga pero como pareja no es para ti.
Porque esa persona necesita cosas que, si tú se las das, te pierdes.
Decir: yo estoy así.
Esto es lo que hay.
Si te gusta, si te gusto, bien.

No me controles, no intentes cambiarme, no me hagas sentir culpable por ser yo.
Y si no te gusta cómo soy.
No estés conmigo.
No me hagas sentir mal para sentirte tú bien.
Dime cuáles son tus mínimos para sentir que te quieren.
Y si no soy capaz de dártelos.
Te dejaré yo para no hacerte daño.

Porque igual tenemos maneras distintas de entender qué es el amor.
Porque venimos de sitios distintos, con familias distintas.
Porque chocamos.
Pero no me controles.
Porque no estoy sin rumbo.
Porque no voy a la deriva.
Porque no necesito a nadie que dirija mi vida.
Ni que me vigile.

El amor no es vigilar.
Amar es dejar vivir.
Siempre.
Porque amar es admira la vida del otro.
Y alegrarte.
Porque la comparte.

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