La voz de Roy Galán

Spoiler: no siempre puedo estar a la altura (ni tú tampoco)

La voz de Roy Galán: "Siempre demostrando estar a la altura. ¿Y qué pasa si no lo estamos? Si nos equivocamos, si nos cagamos, si nos sale mal. A veces hay que pedir ayuda. Y no somos menos válidos por eso. Somos más humanos."


La voz de Roy Galán es un podcast del escritor Roy Galán para la revista Mentesana. Escúchalo y compártelo: 

Estar a la altura.
Siempre exigiéndonos que nos comportemos como seres extraordinarios.
Como héroes y heroínas.
Como personas que no dudan, que no tienen miedo.

Siempre demostrando estar a la altura.
¿Y qué pasa si no lo estamos?
Si nos equivocamos, si nos cagamos, si nos sale mal.
¿Qué pasa si estamos tristes y no somos capaces de hacer lo que los demás esperan que hagamos?

Yo no sé cuál es esa altura mínima.
Pero lo que está claro es que hay mucha gente que nace ya en un escalón superior.
Para los que estar a la altura supone simplemente alargar un brazo.
Porque debajo tienen un colchón, una tranquilidad, un privilegio.

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Pero hay otras personas que para estar en el lugar desde el que parten algunos.
Tienen que escalar el jodido monte Everest.
Porque no tienen medios.
Porque la vida se ha complicado tanto que apenas queda espacio para elegir nada.

Decimos a la gente que tiene que estar a la altura.
Sin mirar ni atender a sus circunstancias.
Sin entender que no somos máquinas.
Que no consiste en apretar un botón y siempre obtenemos el mismo resultado.
Que a veces no podemos.

Y no pasa nada con no poder.
Hay que aceptarlo.
A veces hay que pedir ayuda.
Y no somos menos válidos por eso.
Somos más humanos.

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A veces necesitas romperte.
Parar y llorar.
Decir lo que sientes aunque no sea lo que conviene.
Exigir lo que das porque no recibir nada.
Agota.

A veces no puedes estar a la altura.
Y lo que necesitas de los demás no es un: Te lo dije.
Lo que necesitas de los demás es un: No te preocupes. Lo entiendo.
Porque a veces sientes angustia en el pecho, a veces no quieres salir de la cama, a veces todo se te hace bola.

A veces te pesan los dedos de las manos como si fueran ladrillos.
A veces no es que tú falles.
Es que esto de existir es muy difícil.
Y lo que te vendría bien es empatía y comprensión.

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Porque parece que todo el mundo tienen todo tan claro.
Parecen tan felices y tan seguros y con el camino tan bien planificado.
Parece que siempre responden bien.
Que nunca son bordes o les recorre un humor distinto.

Que lo tienen todo controlado.
Que están a la altura.
Pero no es verdad.
Nadie es perfecto.

Y estaría bien que dejáramos de mirar por encima del hombro a aquellos que no lo hacen perfecto.
Sobre todo porque en cualquier momento podemos vernos ahí.
Ver que las herramientas que siempre nos han funcionado.
Ya no lo hacen.

Conviviendo con la ansiedad.
Con el pánico.
Con ese vértigo que supone la incertidumbre.

Por eso no se trata de estar a la altura de nada.
Se trata de recordar que todos y todas estamos bajo la misma atmósfera.
Que nos duelen las mismas cosas.
Que sentimos la misma soledad.
Que en esencia somos lo mismo.

Y que pedirle a los demás lo imposible.
O pedírtelo a ti mismo.
Es desaprovechar.
Una oportunidad única de vivir libre y sin culpas.

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