La voz de Roy Galán

No tendremos Navidad pero tenemos oxígeno

A veces quejarnos por según que cosas es una falta de respeto. A este regalo que es la existencia. A veces aferrarnos a según que cosas es un desacato. A todo lo que sí tenemos. No tendremos Navidad pero tenemos el oxígeno.

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Jamás nos hablan de la muerte.
Nadie nos enseña la única certeza de la vida.
No nos preparan para el duelo.
Aunque sepamos que es algo por lo que inevitablemente todas las personas pasaremos.
Sobre la ausencia de los demás se corre un tupido velo.

Como si la muerte fuera algo que le sucede a otros.
Como si la gente desapareciera de oídas.
Es imposible valorar la vida sin tener presente a la muerte.
Porque si no la tenemos presente seremos incapaces de relativizar.
De apreciar lo que poseemos.

Si no tenemos presente a la muerte nos enfadaremos por no poder tener un móvil nuevo.
Dejaremos de llamar a nuestra madre o a nuestro padre porque pensaremos que siempre estarán ahí.
Nos preocupará muchísimo haber engordado unos kilos.
Creeremos que lo peor que puede pasarnos es quedarnos sin Navidad.

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Si no tenemos presente que todo se termina.
Que todo tiene un fin.
Pasaremos de puntillas por los principios.
Sin ahondar en la belleza de los instantes y del ahora.

Hay tantas personas que se marcharon ya del mundo y nos dejaron aquí.
Con la cabeza sintonizada en los recuerdos en común.
Personas que se fueron y a las que se les quedaron tantas cosas por hacer.
Tantas cosas por decir.
Por ver.
Que a veces quejarnos por según que cosas es una falta de respeto.
A este regalo que es la existencia.
Que a veces aferrarnos a según que cosas es un desacato.
A todo lo que sí tenemos.

No tendremos Navidad pero tenemos el oxígeno.
Tenemos el poder de las palabras.
Tenemos la luz que vuelve cada día.
Y esto no quiere decir que no tengamos derecho al cabreo.
Lo tenemos.
Pero también podemos pensar antes si realmente merece la pena.

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¿Qué es lo que de verdad merece la pena?
Y así soltar.
Dejar ir.
Quitarle tanta importancia a lo que no lo tiene.
Porque aunque nos parezca un mundo.
No importa.
Si pierdes un objeto que te gustaba o alguien decide que se acabó.
No importa.

La única manera de apaciguar el dolor es ponerlo en relación con el entorno.
Es colocarlo en el sitio que va.
Ni más arriba, ni más abajo.
Es mostrar respeto por los muertos.
Porque lo único que tienes que pensar es que hay gente que daría todo lo que tiene.
Absolutamente todo.
Por volver a abrazar a los que ya no están.

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