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Poner límites es quererte

Poner límites. Como el que equilibra una balanza. Porque si no hay reciprocidad no es posible el afecto. Porque si solo das y das y das y das y das y das te quedas sin nada. Nada para luego. Nada para ti.

En este enlace puedes escuchar el podcast del escritor Roy Galán.

Poner límites.
Como el que se da una caricia.
Poner límites y saber decir que no cuando quieres decir que no.
Que nadie te pueda chantajear con su cariño.
Que nadie pueda amenazarte con dejarte de querer si no haces lo que quieren.
Que nadie tenga el poder de hacerte sentir mal por pensar en ti.

Poner límites.
Como el que se cuida.
Poner límites y decir esto es lo que soy.
Sin ser queriendo agradar.
Sin que el fin siempre sea gustar a los demás.
Sin mendigar atención.

Poner límites.
Como el que se abraza.
Y dice hasta aquí.
Y dice no puedo más.
Y dice eso no me sienta bien.
Y dice no necesito esta mierda en mi vida.
Y dice esto no es amor, esto no es familia, esto no es amistad.

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Poner límites.
Como el que equilibra una balanza.
Porque si no hay reciprocidad no es posible el afecto.
Porque si solo das y das y das y das y das y das te quedas sin nada.
Nada para luego.
Nada para ti.

Poner límites.
Desaprender todo lo que te enseñaron.
Dale un beso, aunque no quieras.
Tienes que complacer.
Si te portas bien tendrás una recompensa.
Si te portas mal tendrás un castigo.
Pon la otra mejilla.

Poner límites.
Como el que quita la mejilla.
Y se la lleva lejos de los que la quieren abofetear.
Y se va con ella a un sitio en el que le dé la luz.
Y le devuelva el color.
Y le recuerde que la mejilla es suya y solo suya.

Poner límites.
Armarse de valor para correr el riesgo de que te digan que has cambiado.
Que no eres la persona de antes.
Que eres egoísta.
Que entonces no les quieres tanto como dices.
Que eres mala persona.

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Poner límites.
Silenciar ese deber implícito.
Parar para recolocarte por dentro.
Priorizar a quien te trata como una prioridad.
Olvidarte de las personas que no te aportan.
Que te consumen, te desgastan, te demandan y te vampirizan y te dejan ahí como un pellejo o un envase o algo que ya cumplió su función.
Porque saben que no eres capaz de poner límites.

Poner límites.
No escuchar la basura continua porque no eres un cubo de basura.
Hablar y que se te tenga en cuenta.
Que se te escuche.
Poner límites.
Como alguien que se dice a sí mismo: Bonito.

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