Amar en libertad

Sacrificio no es amor

Nuestras formas de querernos son aprendidas, y se pueden desaprender. ¿Quién nos dijo que para amarnos debemos renunciar a nuestra esencia?

El sacrificio es lo opuesto al amor.

Porque el sacrificio implica matar un sentimiento todavía vivo.
Algo que podría habernos hecho florecer, que todavía podría habernos asombrado y enriquecido.
Pero lo arrancamos de raíz para que nunca jamás aparezca.

Esa amputación del yo en favor del otro.
Esa anulación de los anhelos.
Esa castración de los deseos.

No tiene nada que ver con querer de verdad a alguien.
Tiene más que ver con complacer.
Con el hecho de que te adoren y te sigan adorando.

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Al final amar no era eso

Para que sea imposible dejarte con todo lo que has hecho por la otra persona.
Para construirte un búnker de bondad en el que sea imposible que nadie pueda culparte por nada.
En el que poder recriminar cuando el otro no está a la altura.
En el que siempre quedes como la persona que tenía razón porque era buena.
Porque te mudaste, renunciaste o dejaste.

Pero tenías otra elección.
Siempre eliges.
Podías haber dicho que no.

El amor muchas veces tiene que ver con decir que no.
Con cuidar de lo que has sido y no perderte en el otro.
Con conservar la distancia suficiente como para saber quién eras antes y sobre todo quién quieres ser después.

Y esto no quiere decir que en las relaciones no haya que ceder en ocasiones.
Por supuesto que el amor requiere de consenso.
Pero para llegar a ese consenso se requiere honestidad.
Verbalizar aquello que es tuyo y en lo que los demás no pueden entrar.
Aquello que no le incumbe a nadie.
Y que merece ser respetado.

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Si me quieres, no intentes cambiarme

Por eso cuando tú dejas que alguien se sacrifique por ti.
Cuando le dejas que abandone aquello que ama por ti.
Cuando le prefieres a tu lado que realizándose.
Cuando intentas modificar sus conductas para adecuarlas a las tuyas.
Cuando le cambias irremediablemente.
Y todo esto en nombre del amor.

Quizás no estés amando bien a esa persona.
Porque le permites que deje de ser la persona que es por ti.
Y cuando haces eso es que no te importa lo más mínimo la otra persona.

Todos los seres humanos nacemos sin saber absolutamente nada de la vida.
Lo aprendemos todo.
Y también podemos desaprenderlo.

Podemos empezar a cuestionarnos nuestra forma de relacionarnos.
A deconstruir la idea del amor que nos han vendido como única.
A analizar cuántas de las cosas que nos perjudican y nos hacen sufrir son enseñadas.
Cuántos son falsos mitos que se erigen como verdades absolutas.

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¿Migajas de amor? ¡Se acabó!

Podemos empezar a desechar el sacrificio como síntoma de un gran amor.
Podemos empezar a dejar de decir aquello de: mira cuánto me quiere porque lo ha sacrificado todo por mí.
Podemos comenzar a creer que es la libertad del otro la mayor demostración de amor posible.

Quiero que seas siempre tú conmigo.
Más tú que nunca.
Y así poder decir: mira cuánto me quiere que me quiere como soy.

Me quiere libre.
Incluso.
Para irme.

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