Silencio

Más que palabras

No sé si te has dado cuenta de que hay gente que ya no habita el mundo. Y que cada vez que hablas por hablar estás ofendiendo a todos aquellos que ya no están. A todos los que ya no pueden hablar.

Estás lleno de actualidad, de noticias, de filias, de enfados, de opiniones maltrechas, brillantes, ocurrentes, simples, repugnantes.
Vas bajando mientras el dedo sube todo aquello que "sucede" hoy.

La neurosis de lo efímero. Me gusta. Me indigna. Me olvido.
Crees que eres aquello que dices, que otros te han hecho decir.
Y no te callas. Nunca te callas.

El pensamiento se construye con palabras. Las palabras delimitan la realidad que observamos. El pensamiento no es la realidad.
Y sin embargo nos llenamos de pensamiento y lo hacemos sonar.

Es como si las palabras fueran pompas de jabón que se forman cada vez que hablamos y venga que cuanto más grande y más tiempo dure, mejor.

Te quiero. Lo peor del mundo es. Apesta. Es fantástico. No había escuchado algo tan bueno en siglos. No me dejes. Me comprendes. Sin ti no soy nada. No al petróleo. El aborto es un asesinato. Me meo. Eres genial. Odio esperar. Es a las cinco.

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No te equivoques de fecha. Sé tolerante. Debería haber copiado alguna frase de aquel texto sobre heteronormatividad para decirla como mía. Ahora toca ser un poco tocapelotas. Me he puesto desodorante eso es respeto. Me quiere sonar pero no voy a decir nada no sea que piensen que soy tonto.

No soy tonto. Ay, tengo algo gracioso que decir sobre eso, ay, pero ya pasó el momento, a ver si la próxima vez puedo intervenir y que me quieran.

¿Nunca te cuestionas lo que eres? ¿Nunca?
¿No te das cuenta de que las pompas de jabón se rompen?
¿Sientes lo que dices? ¿De qué manera lo sientes? ¿De qué manera lo siente el otro?

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No sé si te has dado cuenta de que hay gente que ya no habita el mundo.
Y que cada vez que hablas por hablar estás ofendiendo a todos aquellos que ya no están.
A todos los que ya no pueden hablar.
Y si pudieran hacerlo seguro que lo harían solo una vez y que estas palabras serían las necesarias y las adecuadas.

Te pido que apagues la cabeza un segundo, que apagues la música, que te tumbes y mejor si es con otra persona.

Que dejes que acabe el día de una manera orgánica, que la luz se vaya desprendiendo de los objetos que ya no chocan y vayan desapareciendo.
Escucha tu respiración, la del otro.
Tócale a oscuras.

Y entonces, habla, poco, habla, las palabras saldrán sin pompa fúnebre que explote. Sin miedo al qué dirán. Tan solo se decantarán y se confundirán con el resto del mundo.
Hay que sentirse muerto al menos una vez en la vida para aprender a hablar. Hablar de verdad.
Y entonces las palabras volverán al lugar al que pertenecen, al silencio.
Silencio.

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