La voz de Roy Galán

No compitamos: en esta carrera llegaremos juntos a la meta

Estos días en los que sigue aflorando toda esa competitividad. Toda esa necesidad de buscar culpables. Estaría bien que fuéramos más amables. Que practicáramos mucho más la solidaridad. Que revisáramos nuestro individualismo atroz. Porque no tenemos que competir con nadie.

La voz de Roy Galán es un podcast del escritor Roy Galán para la revista Mentesana. Escúchalo y compártelo.

Nos enseñan desde el principio a ser competitivos.
A derribar al de delante.
A conseguir más que el otro.
A fardar.
A ver a los demás como enemigos a batir.

Nos enseñan a fijarnos en lo que consigue el de al lado.
A copiarnos.
A envidiar.

Nos enseñan que cuanto más tenemos más valemos.
Como si poder comprar algo nos convirtiera automáticamente en mejores personas.
Como si el dinero tuviera que ver con tu calidad como ser humano.

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Nos enseñan a ser totalmente infelices con nuestra realidad.
A añorar lo que no tuvimos.
A desear lo que no tendremos.

A hacer lo imposible por ascender por una escalera invisible.
A buscar el reconocimiento a toda costa.
A mostrar nuestras adquisiciones y que nos quieran por ellas.

Nos enseñan a no estar satisfechos nunca.
Con nada.
A despreciar una y otra vez todas las cosas que sí tenemos.
Nuestros cuerpos vivos.

El Sol que regresa cada jodido día.
Nos enseñan a olvidar que existimos.
Para que paguemos por cambiar.
Queremos cambiarlo todo.

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Nos enseñan a no conformarnos.
Aunque ya cualquier respiración sea mucho.
Sea incluso demasiado.

Nos predisponen para luchar.
Aunque no sepamos por qué ni para qué.
Ahí nos tienen.
Ensimismados.

Combatiendo por un trofeo desconocido.
Por un aplauso efímero.

Nos enseñan a ganar.
Pero nadie nos enseña a perder.
Y vaya si perdemos.

Perdemos a las personas a las que queremos.
Perdemos nuestros empleos.
Perdemos a nuestras mascotas.

Porque a veces lo haces todo bien.
Y quedas el último.

Nadie nos enseña qué hacer con la frustración.
Con esa rabia dirigida a los que tuvieron éxito.
Como si el triunfo fuera algo externo que puede delimitar alguien desconocido.
Y no tú mismo.

Estos días en los que sigue aflorando toda esa competitividad.
Toda esa necesidad de buscar culpables.
Estaría bien que fuéramos más amables.

Que practicáramos mucho más la solidaridad.
Que revisáramos nuestro individualismo atroz.
Porque no tenemos que competir con nadie.

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Tenemos que ponernos en el lugar de los demás.
Tenemos que ayudarnos.
Que ser empáticos.

Porque esto es un huracán.
Sin una pizca de viento.
Y cuando esto termine.
Va a haber mucho que reconstruir.

No es tiempo de rivalidades.
No es tiempo de revanchas, ni de venganzas, ni de ponerse medallas.
Es tiempo de arrimar el hombro.

De juntarnos para intentar salvar todo lo que pueda ser salvado.
Y de estar más unidos.
De lo que pudimos estar jamás.

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