Salud y optimismo

Ducharse con agua fría: los beneficios son reales

Una ducha fría por las mañanas nos fortalece física y mentalmente, pero antes hay que entrenar al cuerpo. Descubre cómo hacerlo para aprovechar todos sus efectos.

En la soledad del baño y ante la posibilidad de elegir entre el grifo de agua caliente o el de agua fría, ¿por qué habría que elegir el de agua fría para que esta nos resbale sobre la cabeza?

Para tomar una decisión así, que en principio echa para atrás, necesitaremos saber que este contacto diario, si lo entrenamos, puede resultar agradable y saludable. No solo nos proporcionará bienestar físico y psíquico, sino la oportunidad de entrenar y mejorar todo ello a diario.

En este contexto resulta más fácil entender que un monje sintoísta o un samurái se entrenaran bajo la cascada de agua fría buscando la limpieza y la purificación del cuerpo y del alma o que terapeutas como Priessnitz o Kneipp recomendaran esta práctica.

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¿Es bueno ducharse con agua fría?

Sí, pero para beneficiarse de esta práctica no vale hacerlo de cualquier manera. Al principio hay que entrenarse.

Mi consejo principal es, para quien no esté entrenado, practicar la ducha fría a diario, pero poco a poco: empezando por los pies y luego incorporando los brazos, el pecho, la espalda... hasta llegar a la ducha general. Y, sobre todo, hay que buscar una buena reacción de calor, secándose rápido y abrigándose al final.

A partir de ahí, con un entrenamiento progresivo, ducharse con agua fría tiene múltiples beneficios.

  • Produce un fortalecimiento general a nivel físico: estimula la circulación, consume calorías, vigoriza los nervios y refuerza el sistema inmunitario.
  • Mejora el sistema termorregulador, lo que permite adaptarse mejor al frío y al calor ambientales, dejar de ser friolero y tolerar bien los cambios de tiempo.
  • Fortalece, tonifica y reafirma a nivel emocional y mental: ayuda a despertar, a disfrutar, a estar más optimista, a reaccionar y recuperar la capacidad de vivir el presente. Incluso quita los miedos: el primero, el miedo al agua fría.
  • No solo nos descubre la aplicación terapéutica del agua fría, sino que nos aporta la experiencia física y psicológica de nuestra capacidad de reaccionar con el agua fría, de convivir y disfrutar con ella. En otras palabras, nos enseña y nos permite comprobar empíricamente que nuestro cuerpo sabe reaccionar al agua fría. En este punto, insisto, es fundamental entrenar al cuerpo, pues esta reacción solo se consigue con entrenamiento.
  • Ayuda en el aspecto preventivo, porque evita resfriados, mejora el síndrome de fatiga crónica, evita tomar neurolépticos y sedantes…
  • Prepara la musculatura antes del ejercicio y favorece la recuperación del ejercicio extremo.
  • Y, sobre todo, sitúa en el lado de la vida de los optimistas, porque hay que serlo para ponerse a disfrutar con la ducha fría.

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Ducharse en una cascada

¿Por qué no? Una vez entrenado, se puede alargar la ducha fría e incluso probar el efecto bajo una cascada. Las primeras veces se puede hacer con ropa y gorro a fin de atenuar la presión y suavizar la reacción.

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