Vida natural

Da un paso adelante para disfrutar de más vitalidad

Hay una forma de afrontar las situaciones que ayuda a disfrutar de la vida y la salud.

Dar un paso hacia delante es lo más sencillo del mundo. Aunque nos cuesta el primer año de nuestra vida aprenderlo, desde ese momento se convierte en la forma más directa de desplazarnos. Pero no siempre somos capaces de dar ese paso adelante.

A veces, cuando la situación se complica, nuestro cuerpo se resiste a avanzar y piensa más en retirarse o hacerse a un lado. Nos entra el "canguelo". Se trata de una reacción normal y biológica. El cuerpo intenta protegerse del peligro.

Sin embargo, ante la misma situación existe otra forma de reaccionar que es dar un paso adelante, meterse en la situación, conocerla, no salir corriendo sino encararla. Es también una actitud natural, pero que conviene entrenar, como nos entrenamos de pequeños para dar el primer paso.

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Una actitud vital

El aikido tiene para expresarlo un movimiento y una palabra: Irimi, avanzar hacia adelante en línea recta, con decisión. Se refiere a una postura física pero también mental y psicológica, a un avance sin titubeos. Significa echarle rasmia, no retroceder ante una adversidad sino observarla con ojos calmados, y aceptar la realidad tal y como es, con el compromiso de máxima entrega.

No es quedarse inmóvil ni resignado ante la situación, sino aceptarla con fuerza e iniciar el movimiento. Es una medida inteligente tomada ante un suceso vital extraordinario. Un darse completo y sincero.

Un paso elegante y sutil, como cuando se anda en dirección contraria a la gente que sale de un partido de fútbol y se avanza con decisión sin rozar a nadie. Y eso de alguna manera todos sabemos hacerlo: en una calle abarrotada de gente que viene en dirección contraria, no permanecemos inmóviles sino que avanzamos y suavemente nos desviamos a un lado y dejamos pasar, pues captamos y respetamos la intención de quienes nos vienen de cara.

Esta reacción tan natural se puede perder en situaciones que consideramos agresivas. Por ello hace falta entrenar el cuerpo y la mente. Un pájaro pequeño es capaz de volar en la tempestad, no luchando contra el viento sino dejándose llevar.

No damos en la vida pasos adelante para ir chocando con el mundo, sino para relacionarnos, ensanchar nuestra visión, nuestra intuición, sensibilidad y confianza en los demás, y compartir nuestra experiencia.

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