Psicología

Defenderse sin atacar

Para resolver bien un conflicto no se puede responder hiriendo a quien nos daña

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

En la vida diaria las relaciones con los demás derivan muchas veces en circunstancias en las que se siente la agresión física, psicológica o social y toca defenderse.

Por momentos nos sale el pronto de ser igual de agresivos y estar en el derecho de aniquilar al otro.

La excusa de la defensa legítima ha producido así demasiados daños y demasiadas guerras.

Aun hoy la mayoría de las veces se sigue teniendo y promoviendo la idea de que defenderse comporta una agresión sobre el que ataca o agrede.

Sin embargo, hemos de darnos cuenta de que podemos y debemos defender nuestros derechos, nuestro sitio y lugar, el físico y la vida, sin hacer daño al contrario.

Existen formas pacíficas de resolver conflictos, pero deben enseñarse y entrenarse para que lleguen a ser efectivas a nivel personal y social.

Las enseñanzas del aikido

Morihei Ueshiba planteó un entrenamiento de arte marcial como base para resolver conflictos: el aikido. Se fundamenta en buscar la neutralización del contrario en un conflicto, convencerlo, pero sin dañarlo, destruirlo ni humillarlo. Se entrena con las personas, no contra la personas, y trabaja la empatía, la reconciliación y el acuerdo.

En la práctica se enseñan conceptos físicos y psicológicos que ayudan a defenderse a ambos niveles:

• mantener la distancia,

• saber estar en su sitio,

• mantener el cuerpo y la mente relajados,

• moverse en la dirección adecuada,

• saber entrar, girar,

• ser sensible y compresivo con el movimiento y la actitud del otro,

• resolver el movimiento con armonía y sin dañar,

• saber caer y levantarse,

• ver con visión panorámica,

• poner atención en el aquí y el ahora,

• mantener una buena postura corporal.

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Gandhi, Lanza del Vasto o Martin Luther King enseñaron a plantar cara a la injusticia, al abuso y a la mentira con la verdad, la justicia y la reconciliación. El Dalai Lama propone entrenar la compasión.

La compasión puede ser también una defensa. En ella se intenta proteger a la persona que ataca de su mismo estado de miedo y agresión tratando de entender por qué actúa injustamente.

La defensa debería ser un ejercicio diario en el que se entrenaran la flexibilidad, el vigor del cuerpo y la mente para poder entender y superar los miedos, el orgullo, los celos y las envidias en cada conflicto que se presente durante el día, para intentar no dañar al contrario y pulir nuestros errores.

La bondad no tiene nada de cobardía o de idiotez. Es el arma más poderosa para defenderse.

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